Hasta antes que entrara el MAS al Palacio los obstáculos que enfrentaban las administraciones eran más o menos los mismos. Había un serio déficit fiscal que obligaba a ajustar impuestos o a subir el precio de la gasolina, cuestión que solía oponer a los políticos con los técnicos, porque subir impuestos o precios de carburantes cuesta popularidad y votos. Esta dificultad fiscal hacía que se dependiera mucho de la ayuda externa para cerrar la brecha presupuestaria y para obtener fondos para la inversión pública. También había un obstáculo derivado de la escasez de empleo productivo y de la falta de inversión privada que hacían que Bolivia, a pesar de estar más de 20 años implementando un modelo de mercado, no pudiera crecer a tasas que disminuyeran la pobreza y generaran empleo, impedimentos que fueron paliados mediante el surgimiento de una enorme economía informal, la cual, a pesar de generar poco valor agregado, por lo menos permitía dar una fuente de ingresos a los que no tenían trabajo. Es por lo anterior y no por casualidad que Bolivia es un ejemplo mundial en el desarrollo de las microfinanzas ya que este sistema de intermediación financiera permite que los pobres obtengan recursos para financiar actividades que requieren poco capital y que no están relacionadas con la economía formal, ésa que paga impuestos y beneficios sociales. Entre los problemas que no fueron resueltos por las anteriores administraciones están la corrupción, el prebendalismo, la componenda política y el “peguismo” con padrinazgo político, y más bien dichos gobiernos los exacerbaron a un nivel tal que fueron quizás causas importantes para que los bolivianos se asquearan del sistema político y votaran de manera masiva por el cambio que ofrecía el MAS.
Las anteriores gestiones tenían que batallar con la erradicación de la coca porque la relación con Estados Unidos y Europa se concentraba particularmente en esa área y aun cuando se lograron éxitos importantes en este aspecto mediante su sustitución con otros cultivos, jamás se logró convencer a los cocaleros de las bondades del desarrollo alternativo porque la rentabilidad y el poco esfuerzo para producir coca destinada al narcotráfico son simplemente imbatibles a la hora de escoger entre coca v/s plátanos, café o palmitos.
Estos obstáculos generaron inestabilidad política, problemas de gobernabilidad, violencia y muerte. El tema de la coca fue importante ya que dio nacimiento al movimiento cocalero liderado por Evo Morales que finalmente llegó al Palacio bajo un paraguas político que envolvía conceptos tales como que la coca no se la debía erradicar sino industrializar, se debía nacionalizar las grandes empresas estatales capitalizadas, se debía erradicar la corrupción que nos tenía en el fondo de la tabla mundial que mide ese flagelo y además se debía generar un nuevo sistema de gobierno en que el estado y los movimientos sociales serían los que liderarían el desarrollo y la política, para lo cual se elaboraría una nueva Constitución que redefiniría los roles de la sociedad y la economía. A esto se añadió el asunto indigenista y así obtenemos el espectro ideológico izquierdo-indigenista que permitió que el MAS arrasara en las elecciones de diciembre del 2005, victoria tan contundente que hizo creer a esta tienda política que tenía mandato mayoritario para imponer sus ideas, olvidando que una parte importante del voto que recibió no fue por su programa de gobierno sino como una forma de demostrar el rechazo ciudadano a la vieja clase política y a su manera de administrar el Estado.
Al empezar este gobierno, no tenía el problema fiscal de las anteriores administraciones debido a que la nueva ley de hidrocarburos promulgada el 2005 había triplicado los ingresos estatales al subir la participación nacional a por lo menos 50% de las ventas, cuestión que dos años más tarde terminó siendo aceptada por Petrobrás y por Repsol gracias a que el precio de los hidrocarburos casi se cuadruplicó en menos de tres años, incremento que permitió que tales empresas siguieran operando los campos sin perder dinero. Adicionalmente, la impredecibilidad del nuevo gobierno boliviano hacía incluso posible que Bolivia cortara las exportaciones de gas a ambos países, lo cual hubiera sido nefasto para las administraciones de Lula y Kirchner, y ese aspecto terminó facilitando la firma de los nuevos contratos petroleros que logró el MAS hace 6 meses atrás. Sin embargo, Repsol y Petrobrás decidieron limitar sus inversiones y es por eso que ahora Bolivia está metida en el brete de, por un lado, no poder aumentar sus exportaciones de gas a pesar de tener mercados y, por otro, no poder expulsar a dichas empresas porque tal medida significaría perder los únicos mercados disponibles que son Argentina y Brasil y además colapsar la producción interna porque si no se exporta gas, no se puede producir gasolina ni diesel para el mercado interno.
Otra complicación que este Gobierno no enfrenta es la erradicación de coca porque lisa y llanamente el MAS ha decidido no eliminar coca pero sí concentrar sus esfuerzos en la represión del narcotráfico, sin embargo, esta estrategia está llevando peligrosamente al país a ser un gran productor de droga y a la posibilidad que Bolivia sea terreno propicio para que actúen los carteles del narcotráfico. Este problema también afecta un área donde hasta ahora la actual administración se diferencia claramente de las anteriores y que es la corrupción, tema en que el MAS por lo menos ha logrado sacarnos del fondo de la tabla y ahora estamos igual que Argentina y por sobre tres o cuatro países de Latinoamérica.
Este preámbulo nos permite plantear la hipótesis que el MAS ha tenido suerte durante su administración y por eso todavía goza de alta aceptación entre los bolivianos, sin embargo, es preocupante que el Gobierno concentre más sus esfuerzos en los aspectos políticos relacionados con el nuevo estado que quiere imponer y no se preocupe lo suficiente de los temas de la administración del país que son de corto plazo y de mayor impacto en el ciudadano común. En ese sentido y como ejemplo, es difícil creer que, considerando el beneficio político que se busca con la implementación de la Renta Dignidad - tal como lo hizo el MNR con el Bonosol- el Poder Ejecutivo no haya sido capaz de diseñar un sistema que ate dicha Renta a los futuros ingresos de la exportación de gas y no a los actuales. Dicho error es inexplicable si se sabe de antemano que en el Estado es fácil repartir ingresos pero casi imposible pedirlos de vuelta, que es lo que está tratando de hacer el Gobierno al reformular la nefasta repartija de recursos que hizo el propio MAS con el IDH creado en la nueva ley de hidrocarburos del año 2005.
Otra área donde fácilmente el actual gobierno podría anotarse unos puntos es en el tema de seguridad ciudadana, porque es inexplicable que hasta ahora no se hayan endurecido el par de artículos del Código de Procedimiento Penal referidos a las medidas cautelares que favorecen a los malhechores y que explican el recrudecimiento de la delincuencia. Otro campo donde la administración del MAS no ha obtenido buenos resultados es en establecer mecanismos eficientes de prevención y castigo a la corrupción y es así que, por su objetivo maximalista de castigar a todos los corruptos de los gobiernos anteriores, su propuesta de ley para resolver este problema es inviable, siendo más común las denuncias de corrupción que afectan a personeros de la actual administración.
El Gobierno del MAS pareciera que ha olvidado que la mejor forma de mantenerse en el poder es mediante una buena gestión y que se necesita tiempo y capacidad para cambiar las estructuras de un país, es por eso que, en la medida, en que no recuerde esta máxima y trate de imponer su forma de resolver los problemas de Bolivia, su oportunidad para transformar la patria de todos es cada vez menor.