Es de vital resolución que los potosinos asuman conciencia de que es necesario planificar el futuro e invertir en él. Potosí no le debe a la minería, ésta le debe a Potosí y es hora de que su explotación genere y sostenga la revolución productiva de hoy...
El departamento de Potosí está de celebración hoy. Sobre Potosí se podría escribir tanto, que incluso el homenaje que le hace este periódico en esta oportunidad podría quedar demasiado modesto ante la inmensidad temática y la magna historia del gran Potosí.
La región potosina es paradójica. Se constituye, con penoso reconocimiento, en el departamento cuyas cifras de pobreza alcanzan la marginalidad y hasta el subdesarrollo semejante a los países africanos más pobres, empero posee una capital cuyos índices de desarrollo humano son esperanzadores porque están por encima de muchas ciudades importantes de Bolivia.
Y vaya paradoja de la historia y pensar que Potosí, con su riqueza argentífera descubierta desde mucho antes de la llegada de los españoles pero explotada por ellos, transformó la economía europea, sus mercados y sus precios, posibilitó la construcción de imperios, financió guerras en occidente. El costo de esa explotación en las tierras potosinas fueron tres siglos de sojuzgamiento bárbaro y luego de decadencia tras decadencia. No sólo que se habría construido —dice el mito— un puente de plata entre Potosí y Madrid, aquella época, sino que también se hubiese hecho otro —ya lejos del mito— con la cantidad de huesos de los indígenas que perecieron en la mita, en el proceso de amalgamación y en el sellado de monedas.
Pero la historia es eso, historia, y Potosí hoy más que nunca debe mirar en perspectiva, ser visionaria y construir para el futuro.
Potosí aún a pesar de la explotación que sufrió en la Colonia, siguió en la República y más adelante, es como ninguna otra región rica en recursos naturales mineralógicos valiosos; posee, además, una belleza natural endémica única en el mundo en provincias como Nor Lípez, Sud Lípez, Daniel Campos, que junto a la cultura de sus pueblos originarios y la historia heredada, construida y acumulada de inmenso valor para el mundo contemporáneo hacen un conjunto sin par de potencial para explotar en beneficio del departamento y del país.
Potosí está viviendo en la actualidad un momento de esplendor económico. Pero lea bien el peso de esta afirmación. Se trata de un momento particular y preciso en el tiempo, cuyo destello puede ser fugaz debido a que nada garantiza que el auge minero, producto del excelente precio de los minerales en los mercados mundiales, se sostenga.
Las cooperativas mineras están sacando el mejor provecho. Pero, así como en el pasado, la minería potosina de hoy está siendo ejecutada sin planificación, al calor de las ambiciones de unos cuantos, en medio de un auge que enceguece. Sólo son motivo de orgullo las inversiones privadas en San Cristóbal, mas es de lamentar que la minería cooperativizada esté explotando, sin pausa, el Cerro Rico y los otros yacimientos.
Es de vital resolución que los potosinos asuman conciencia de que es necesario planificar el futuro e invertir en él. Potosí no le debe a la minería, ésta le debe a Potosí y es hora de que su explotación genere y sostenga la revolución productiva e industrial en otros rubros económicos para que mañana se vean los frutos. Esta decisión no sólo pasa por resolver un problema de gestión sino por uno de voluntad política para planificar el desarrollo, pensando en que las generaciones futuras que no deben reproducir y menos heredar pobreza inmerecida.