Julio Bocca baila en Bolivia El artista bailará en Santa Cruz el jueves Su biógrafa Angeline Montoya le retrata y el artista afirma ver en Bolivia a un pueblo luchador.
Julio Bocca, el bailarín argentino que saltó al escenario mundial siendo apenas un niño, está a punto de decir adiós a la pasión que guió su vida. Con 40 años de edad, el artista se halla en medio de una larga gira de despedida que tocará a Bolivia el próximo jueves. Ese día, Bocca y su colega Cecilia Figaredo se moverán al ritmo del tango en un espectáculo de danza contemporánea creado por la coreógrafa María Stekelman y bautizado Bocca Tango. El escenario cruceño de Sonilum acogerá al prodigio que por razones de agenda y fechas, según el empresario Gabriel Feldman, no podrá estar en La Paz ni Cochabamba, como era el objetivo. ´Hemos concentrado las energías en Santa Cruz; pero hay paquetes para la gente que desde La Paz desee asistir (Tropical Tours, pasajes, hotel y entradas al evento).
La última gira de Bocca le ha llevado ya, junto a los bailarines y músicos que le acompañan, a Rusia, España, Italia, Estados Unidos. Y seguirá por países de América Latina hasta concluir el periplo el 22 de diciembre en Buenos Aires. Allí, al pie del Obelisco, danzará gratuitamente para sus paisanos.
Angeline Montoya, periodista argentina, publicó en marzo reciente una biografía de Bocca titulada La vida en danza. Durante cinco años, quien fue también bailarina y admiradora del virtuoso, se dedicó a seguir sus huellas para conocer al ser humano que hay detrás del mito. Misión difícil, admite la autora, pero que emprendió bajo la premisa del fundador del diario francés Le Monde, Hubert Beuve-Méry: ´La objetividad no existe. Sólo puede haber una subjetividad desinteresada´.
Montoya, cuyo libro (editorial Aguilar, Santillana) se puede encontrar en Bolivia, responde a La Razón acerca de su biografiado.
Sabemos que Julio Bocca es hijo de una bailarina y que prácticamente creció entre zapatillas. Pero, ¿cómo fue su niñez? y ¿su adolescencia? ¿Tuvo que enfrentar problemas por el hecho de hacer ballet?
Julio Bocca se crió en un ambiente artístico, dado que su madre era profesora de danza clásica y de folklore argentino. Tenía un estudio en el fondo de su casa y Julio aprendió a caminar allí mismo. Su abuelo materno, que hizo las veces de referente masculino dado que su padre biológico no lo reconoció, era un obrero italiano enamorado de la ópera y del ballet. Fue muy naturalmente que Julio empezó a bailar. Toda su familia lo alentó en esa vía, porque además tenía condiciones para ello. O sea que, de parte de su familia, sólo recibió apoyo y contención.
Lo difícil fue lidiar con la condición económica de la familia, bastante humilde. Vivían en las afueras de Buenos Aires, y tenía que viajar al centro de la capital todos los días, se levantaba muy temprano y se acostaba muy tarde, pasaba largas horas en los trenes de cercanías o en autobuses y eso era agotador.
Luego, siempre cuenta que los problemas que sufrió por hacer ballet los tuvo dentro mismo del Teatro Colón, y no por parte de sus amigos de la escuela primaria o de su barrio, con los cuales jugaba a la pelota. Una vez, su hermano mayor (murió a los 28 años) le dijo ´maricón´ porque hacía ballet. Julio, que tenía algo así como 10 años, le tiró un cuchillo de cocina. Por suerte, no dio en el blanco. Y su hermano nunca más se atrevió a burlarse de él.
De todas formas, Julio se fue del país muy temprano: a los 15 años fue contratado por la Fundación Teresa Carreño de Caracas para bailar allí durante siete meses, y luego como primer bailarín invitado del Teatro Municipal de Río de Janeiro. De esta manera, saltó de golpe a la edad adulta, sin pasar prácticamente por la adolescencia.
¿Cómo era el ambiente artístico bonaerense en el que desarrolló su carrera?
En Argentina, cuando Julio empezó a despuntar, el ballet estaba en decadencia. El Teatro Colón fue y es un semillero de talentos, pero entonces, las crisis económicas, los malos manejos administrativos de la institución, y el hecho de que el Colón privilegiaba más la ópera, además del accidente aéreo en el que fallecieron nueve bailarines del Ballet Estable, entre los cuales estaban los primeros bailarines José Neglia y Norma Fontenla, hicieron que no fuese el mejor momento para un joven bailarín que quería dedicar su vida a la danza. Hasta ese accidente, el ballet era bastante popular en Argentina, se hacía muchas funciones populares al aire libre. Pero hubo que esperar al menos 15 años (y el surgimiento de Bocca) para que se volvieran a ver espectáculos masivos de ballet. Julio Bocca no tuvo otra opción que irse del país, como muchos otros de su generación.
¿Qué representa para Argentina este artista? ¿Ha hecho escuela? ¿Quiénes vienen detrás, ahora que se despide?
Julio Bocca es un capítulo aparte en la historia de la danza argentina. Su obsesión, desde que era adolescente, fue la de ´bailar en todos lados´ y sacar al ballet de los teatros convencionales. Quería crear su propia compañía con talentos argentinos y hacer giras en todo el mundo. Siempre tenía el recuerdo de su abuelo Nando que hacía colas durante horas para sacar una entrada barata en el Teatro Colón. Quería que la gente humilde pudiera ir a ver ballet sin tener que ir al Colón.
Lo primero que hizo después de ganar el concurso internacional de ballet de Moscú en 1985, fue contratar como representante a Lino Patalano, que era un representante de artistas populares, como Facundo Cabral o Carlos Perciavalle. Quería ser un artista popular, no solamente un bailarín clásico. A fuerza de publicidad, mercadeo, promoción, etc., lo lograron. Julio Bocca llenó estadios de fútbol (bailó en los de Boca Juniors y River Plate), llegó a juntar a 100.000 personas al pie del Obelisco de Buenos Aires, se convirtió en un ídolo de masas, es extremadamente popular y querido en Argentina.
Él dice que quería popularizar la danza, y muchos dicen que lo logró. Yo, personalmente, creo que se popularizó sobre todo a él mismo, pero hay que reconocer que a partir de él surgieron otras figuras que también convocaron a muchísimo público, aunque en menor medida, como Maximiliano Guerra, Iñaki Urlezaga o Paloma Herrera. Cabe preguntarse, sin embargo, si la gente irá a ver tanto ballet cuando esas figuras desaparezcan, porque por ahora, en Argentina, no se ve a nadie de la nueva generación que les pueda suceder. Entre los más jóvenes está Herman Cornejo, que empezó en el Ballet Argentino de Bocca a los 14 años y ahora es principal dancer del American Ballet Theatre en Nueva York, el título que Bocca ostentó durante 20 años. Pero baila casi exclusivamente en el extranjero. Digamos que todavía queda algo de tiempo porque Iñaki Urlezaga es más joven que Bocca y Guerra, así que creo que él será la figura más convocante de los próximos años.
Lo que sí hay que subrayar, es que Julio Bocca hizo muchísimo por el ballet en Argentina, al crear su compañía (el Ballet Argentino, que lo acompaña en la función en Bolivia), una fundación, una escuela de comedia musical, y tiene el proyecto, siempre postergado a causa de la situación económica, de crear una escuela artística integral, en la que se pueda seguir la enseñanza general y la artística sin tener que optar por una u otra (como Julio tuvo que hacer: apenas pudo terminar la primaria). Da trabajo a muchísima gente y realmente lo que ha hecho para la danza en Argentina es enorme. Eso fue a expensas de su propia carrera, porque podría haberse quedado más tiempo en EEUU y haber tenido una carrera internacional mucho más desarrollada, con más creaciones.