Un menú de salidas para la Asamblea Constituyente podría incluir: a) El 14 de diciembre termina la Asamblea, sin Constitución, deudos, plañidera, pena ni gloria. Muerte por inanición. Asistimos a ese entierro sin muerto como invitados de piedra. Seguimos con la actual Constitución vigente. Oiré a muchos decir ´yo te dije…´.
b) Antes del 14 de diciembre se hace un acuerdo global para incluir en el actual texto constitucional los puntos que se aprobaron con el trabajo del Consejo Político de Diálogo, sin tocar el tema de capitalidad. El nuevo texto pasa a referendo aprobatorio, según manda la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente (Lecac).
c) Lo avanzado como acuerdos en los informes de mayoría y minoría elaborados por las comisiones de la Asamblea se toma como base para una Ley de Necesidad de Reforma de la Constitución que el Congreso asume como tarea para la próxima legislatura. No se excluyen los temas referidos a la capitalidad, reelección ni autonomías.
d) No hay nueva Constitución, sino un acuerdo político para incluir en una Ley de Necesidad de Reforma de la Constitución sólo dos temas: la propuesta de autonomías departamentales y la división de la sede de los poderes públicos entre La Paz y Sucre.
Si ninguna de las salidas es posible, estamos enterrando de facto la Asamblea. ¿Qué vive? Probablemente el famoso y trágico ´empate catastrófico´ que, por lo visto, somos incapaces de resolver. Por tanto, seguiremos haciendo política en las calles, bloqueándonos y empujando al supuesto enemigo al abismo sin reparar en que caerán ambos bandos.
Hace varios meses que estamos velando a la Asamblea, para regocijo de quienes decretaron su muerte antes de que naciera y de los que contribuyeron a su fin con posiciones radicales, intentando sonsacarle a la mala una promesa fundacional que no podía parir.
Lo que parecen no ver los enterradores oficiosos es que con el fracaso de la Asamblea fracasamos todos en el país, no sólo los asambleístas ni el MAS ni los otros partidos que entraron en el ruedo. Y están equivocados si piensan que la oposición no pierde: la de adentro de la Asamblea, que puso la cara (y eso hay que reconocerle) ni la de afuera, la que no puso la cara pero sí parte de las piedras y zancadillas del camino.
Perdemos todos porque el país invirtió en ese proceso ilusiones de cambio: revolución democrática, inclusión y justicia constitucionalizadas, energía para el diálogo, potencial político de líderes jóvenes, locales y regionales; capacidad para reconocer y celebrar la diferencia; y, por supuesto, plata y tiempo, dos cosas que a los pobres siempre les hacen falta y que en el país malgastamos con el gesto derrochador de quien no teme perder porque lo tiene todo, aunque nada tiene.
Así es que aquí estamos de nuevo, enfrascados en la cinta sin fin de volver a comenzar y buscando chivos expiatorios. Sin embargo, la oportunidad histórica del MAS no se ha agotado, esto lo tienen que saber quienes creen que enterrando a la Asamblea echan una palada de tierra sobre el MAS y su proyecto de poder, que trasciende la Asamblea porque viene con razones más antiguas de búsqueda de reconocimiento, justicia e inclusión. Y lo tiene que saber también el propio MAS que está jugando sus cartas de forma errática, al todo o nada, sin grandeza para la construcción de un proyecto nacional e inclusivo, sin reconocer que viene del útero de la revolución nacional, cobijado en la incubadora del proceso democrático de 25 años y la participación popular.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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