Hace años recibí esta carta de un amigo y compañero de lucha y ésta cambió mi vida y guió el norte de mis actos. A propósito de estos días de dolor, la resumo para ustedes, amables lectores:
´Finalizaban los años setenta; empezaba la U; mi formación secundaria, como sabes, pasó entre una estricta educación académica, formación en la teología de la liberación y marxismo. Así, mientras bebía del cáliz de Cristo con unción, asimilaba con pasión la historia desde el marxismo y el leninismo. Jesús era mi fortaleza espiritual y el Che me convocaba a la acción transformadora. Ya en la UMSA, solté todas mis energías revolucionarias en ella, en las minas, las fábricas y villas. En la clase obrera predestinada a la liberación encontraba a Cristo hecho hermano, lo que me impulsaba con mística a no desmayar en la búsqueda de la sociedad socialista sin pobres ni ricos, sin explotados ni explotadores: el paraíso en la tierra que se daría gracias a la dictadura democrática del proletariado.
En noviembre del 79, un loco militar dio su golpe de Estado: en tres días mataron a más de 80 personas. En la ladera donde resistíamos a las hordas fascistas, al Cachito, con el que estábamos en una zanja, escondiéndonos de las patrullas, al levantarse para ver si las mismas habían ya pasado, le llegó una bala perdida en pleno pecho que lo mató instantáneamente. ¿Te acuerdas? Por primera vez vi la muerte a mi lado. Juré que, en el futuro, a militar y burgués que viera lo mataría como a perro. Desde la vitalidad, impotencia y dolor juvenil, el odio se apoderó de mí y empecé a desear la venganza.
El 80, vino el golpe de los narcos. Resistimos en los centros mineros, pero más pudo el poder de los tanques. Caímos presos. Fuimos vilmente torturados y tú baleado, pero sobrevivimos. Yo interpreté que eso era una señal para, a nombre del sacrosanto proletariado, cumplir la tarea de llevar hasta sus últimas consecuencias el odio y lucha de clases como principio y método para extirpar de la patria a los opresores y sus lacayos.
Vino la democracia, festejamos y con el lema ´ahora es cuando´, la aprovechamos para llegar al socialismo, buscar y matar a nuestros torturadores. El desprecio por el otro y las ganas de destruirlo marcaron mi forma de vida. En esa búsqueda jodí la vida de cuanto tira (soplón) descubrí. Jamás pillé al que perseguía. En el interín murió el mito obrero y vino el 21060. Quedé sin rumbo, pero con mucho odio. Me dediqué a la joda, el alcohol y las mujeres. En pocos años, ya es 1992, he destruido mis sueños de justicia social y el paraíso buscado se ha vuelto mi infierno. Sólo he ´asesinado´ en vida a los seres más queridos: mis padres, mis hijos, mi esposa, mis amigos.
El odio está acabando con mi existencia y ahora, alcohólico y cagao, solamente me queda la mano, el apoyo, la presencia, la comprensión y los cuidados de una puta con la que me junté: su padre había sido un tira... Negro, ¿por qué en su momento no me atreví a perdonar? ¿Por qué dejamos que el odio envenene nuestro ser? ¿Viví? Te confieso que no. Por eso, como dijo Yibran Kalil: Usé el odio como un arma para defenderme, si hubiera sido valiente, jamás hubiera necesitado esa clase de arma´.
¿Cómo estamos?: Depende
Si se pregunta sobre la marcha de la economía boliviana, en estos dos años, la respuesta dependerá de la óptica con que se mire. Me explico. Si se consulta a Standard and Poors y a Fitch Rating
Ese poder "posmo"
No hay duda de que éste es un proceso político marcado por la búsqueda de la legitimidad. Se lucha a brazo partido por ella, de manera contradictoria y tensionada respecto del actual ordenamiento legal e institucional, que nunca tuvo plena vigencia
Tranvías de ayer, minibuses de hoy
Don Casto Rojas, que fue un caballero de modales e ideas de los años del liberalismo triunfante, fue además un usuario habitual y crítico de los tranvías de La Paz cuando serpenteaban entre las subidas y bajadas de la ciudad.
El pacto imposible
Suena nuevamente el redoble de tambores de guerra. Y mientras unos y otros asisten al rito de pintarse las caras, movilizar a sus bases, tocar puertas, y circular maletines negros, muchos otros se preguntan, atónitos