La preocupación externa por Bolivia La comunidad interna-cional reaccionó unánimemente, al exteriorizar su preocupación por el estallido de la violencia y por la intolerancia suicida entre los bolivianos. Y ha pedido armonización, cautela, unidad. No somos ajenos para el mundo.
Una vez más se puede constatar que el mundo se ha reducido de manera radical, porque todo de lo que ocurra, en cualquier lugar, se conoce casi al instante. Este fenómeno maravilloso se debe al siempre impresionante desarrollo de las comunicaciones, que han convertido a la Tierra poco menos que como “un pañuelo”.
De ahí que Bolivia no pasa inadvertida cuando es el escenario de sucesos impactantes, con mayor razón, lamentablemente, en las ocasiones en que se desbocan sus fantasmas apocalípticos, como fueron los sangrientos enfrentamientos en Sucre, durante tres días y sus noches, con saldo de cuatro muertos y centenares de heridos.
La comunidad internacional reaccionó unánimemente, al exteriorizar su preocupación por el estallido de la violencia en Sucre y, en general, por la intolerancia suicida entre los bolivianos, empezando en el Gobierno y terminando en la gente, en los ciudadanos. Pareciera, además, que nadie quisiera excluirse de semejante preferencia por el masoquismo.
Los pronunciamientos en este sentido se han producido desde los más altos organismos internacionales, hasta de los bloques regionales y de países amigos de Bolivia. Así, en la relación inicial, se tiene que mencionar a las Naciones Unidas, a la Organización de Estados Americanos, a la Unión Europea, a los Estados Unidos de Norteamérica, Brasil y España.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-Mon, instó a los “sectores políticos y sociales (de Bolivia) a que mantengan la calma, a que se abstengan de recurrir al uso de la violencia y a que busquen un consenso para poder resolver los apremiantes problemas que afectan al pueblo boliviano”. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, dijo que “un proceso constituyente no debe implicar la derrota de un sector del país por el otro, sino el resultado de la armonización de intereses diversos”.
La UE, a través de su presidencia, ha lamentado los hechos de violencia en Sucre y exhortó al respeto a los principios democráticos y “el deseo de que Bolivia pueda encontrar un camino de unidad y de consenso en el marco de la Asamblea Constituyente”. El portavoz del Departamento de los Estados Unidos, Sean McCormick, recordó que los “gobiernos democráticos tienen responsabilidad de proteger el derecho de sus ciudadanos a la libre expresión”. Añadió una sugerencia para el Gobierno boliviano y la oposición, de “actuar con cautela y tolerancia durante este periodo crítico”, además de anotar que “un ambiente que alienta la inclusión y el debate abierto es vital para el éxito de cualquier proceso de reforma democrática”.
El canciller de Brasil, Celso Amorin, que se encuentra de visita en Washington, expresó su confianza en la solución de la crisis boliviana e hizo conocer —según la agencia de noticias EFE— la predisposición de su país a que “lo que podamos contribuir para ello, lo haremos”. El secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, hizo un llamamiento para que no se “tensen” más las manifestaciones públicas.
Ahora que se conocen las recomendaciones que se dirigen a los bolivianos, corresponde que tomen debida nota los gobernantes, la oposición y la ciudadanía.