La disolución del Congreso puso en desbande a la oposición ecuatoriana, que luce desarmada y sin capacidad de respuesta ante el gobierno socialista de Rafael Correa, más robustecido y con el control de una Constituyente de plenos poderes.
Los adversarios del Gobierno digerían su trago más amargo en un viernes de fiesta para el oficialismo, que reunió a miles de simpatizantes en la localidad costera de Montecristi (suroeste) para celebrar la instalación de la Constituyente, que en su primer día de sesiones cerró al Congreso de mayoría opositora.
Con 110 votos, la Asamblea de 130 miembros declaró en receso a los 100 diputados y asumió la función legislativa adjudicándose plenas atribuciones para ratificar además a Correa, que había puesto su cargo a consideración.
“La oposición no tuvo espacios, el Gobierno hizo lo que quiso a través de una Asamblea que resolvió que los plenos poderes son para cualquier cosa”, dijo Pablo Paredes, asambleísta independiente. Montecristi (Ecuador), AFP