La lección de Venezuela Los bolivianos recibieron las noticias sin sorpresa. Un pueblo que ha rechazado tantas dictaduras mira estos casos con cierta indiferencia, porque los sabe predecibles. Sabe que el pueblo les dice No a quienes buscan perpetuarse en el poder.
El pueblo de Venezuela acaba de dar una lección política que tendrá repercusiones todavía no sospechadas en la realidad regional. Presintiendo eso, la opinión pública latinoamericana siguió las noticias de esa consulta con ansiedad pocas veces vista. Es probable que haya sido el referéndum latinoamericano seguido con más interés por una opinión pública regionalizada. En strictus sensum sólo fue una consulta sobre una propuesta hecha por el Presidente de ese país para modificar la constitución política por segunda vez, desde que está en el cargo. Eran unas propuestas personales que incluían el detalle de que el Presidente de Venezuela podría ser reelegido cuantas veces sea necesario, sin límite alguno.
El tema atrajo la atención de los bolivianos porque coincide con el propósito que tiene el partido que está actualmente en el gobierno de introducir aquí también la reelección indefinida del Presidente de la República. La opinión pública regional siguió el tema porque había surgido la sospecha de que el Mandatario de Venezuela estaba lanzado a una campaña para convertirse en el líder de América Latina o por lo menos de Sudamérica. Los ingresos que recibe ese país de sus exportaciones de petróleo llegaron a distorsionar su valoración en el concierto regional. Su importancia política comenzó a ser medida por sus reservas internacionales, lo que se convirtió en una aberración.
Lo cierto es que el referéndum sobre las propuestas de reforma de la constitución fue el acontecimiento político del fin de semana. Igual atención, también regionalizada en Europa y Asia, tuvieron las elecciones realizadas en Rusia ese mismo día.
El presidente Hugo Chávez venía de haber ganado seis consultas electorales seguidas. Y venía de haber sido mandado a callar por parte del rey de España, Juan Carlos I, en la cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile.
Y se sometió a la voluntad del soberano, es decir del pueblo venezolano, el que no lo mandó a callar pero le hizo saber que no está dispuesto a avalar propuestas que contengan un grado tan alto de concentración de poder en una sola persona.
El veredicto del electorado venezolano llega cuando Chávez ha acaparado el control del Ejecutivo, del Legislativo reformado, del Poder Judicial, de las Fuerzas Armadas y de los ingresos que generan las exportaciones de petróleo. Decirle no a una persona que ha logrado semejante poder es hazaña que sólo puede estar al alcance de un pueblo muy digno.
El No venezolano es el más antiguo mensaje que los pueblos libres dan a quienes se proponen perpetuarse en el poder. Los lenguajes cambiaron con los siglos, pero el contenido es siempre el mismo: los pueblos no toleran los totalitarismos.
La lección llega en un momento clave en América Latina. Esa lección dice que en política todos son sustituibles. Nadie puede pretender el control total de los poderes. La democracia es contraria a las dictaduras, a todas las dictaduras, sin importar la tendencia o la orientación de cada una de ellas.
Los bolivianos recibieron las noticias de Venezuela sin sorpresa. Un pueblo que ha rechazado tantas dictaduras, tantos ensayos de totalitarismos, mira estos casos con cierta indiferencia, porque los sabe predecibles. Sabe que, tarde o temprano, el pueblo les dice No a los aspirantes a perpetuarse en el poder.