Menos mal que al Presidente de la República no le gustan los juegos de azar, porque con la audacia con que apuesta en la política sería capaz de jugarse hasta la camisa en el casino. Lo del referéndum revocatorio es una apuesta muy fuerte. Y a pesar de lo que la oposición diga, no era la última carta para jugarse ni mucho menos. Pero Evo se lanza a ganarlo todo o perderlo todo. Y para ello recurre al que fue su mejor aliado, a la gente que en su momento votó por él, pero luego se fue a su casa. Ahora, los bolivianos deberán decidir entre continuar con el actual esquema gubernamental o retornar al tiempo de la democracia pactada.
Tal como van las cosas, en Bolivia no hay otra elección. En los últimos años no se ha perfilado ningún nuevo liderazgo nacional que pueda reemplazar la dicotomía entre los sectores sociales organizados con el MAS y Podemos, que reúne a todos los sobrevivientes de la vieja política.
En el Gobierno hay confianza (tal vez demasiada) en que los pobres apostarán por lo hecho hasta el momento. Y en un país donde los desposeídos son la inmensa mayoría, el resultado sería favorable para el MAS.
En la oposición también hay la creencia de que pueden derrotar al MAS. Sin embargo, casi con seguridad la derecha perdería cuando menos dos prefecturas: la de La Paz y la de Cochabamba. Si la derecha no logra sacar a Evo y además pierde prefecturas, habría retrocedido grandemente. Ya no podría decir por ejemplo al estilo Unitel: Dos tercios de Bolivia contra el gobierno, y ese tipo de ligerezas. Cívicos y tutistas han demostrado ser una oposición tan radical que no tiene las posibilidades de hacer lo que hizo su similar venezolana: llamar a la reconciliación al final de la contienda. Si el MAS pierde, pobre del gobierno que viene porque, con la virulencia con la que ha actuado la oposición, los sectores sociales no dejarán respirar ni un día al supuesto nuevo gobierno. Como dice la canción popular, ´amor con amor se paga´.
Seguramente, la ley de referéndum revocatorio tendría un artículo que diga con claridad que si es que se aprueba la gestión del Presidente y éste sigue en funciones, también puede ir a la reelección. De aprobarse, el golpe sería muy duro para la derecha, pues si Evo gana en el revocatorio es segura su victoria en un par de años.
Lo peor que en este momento pueden hacer las fuerzas en pugna es confiarse. De seguro, cuando se haga el referéndum revocatorio habrá que pelear voto a voto y el final puede ser ´de fotografía´, como diría Hugo Chávez. Al final, será el soberano el que decida. Y ésta es una gran lección. Goni jamás hubiera puesto en juego su gobierno de esta manera. De hacerlo, se hubiese ahorrado tanta muerte y un final tan triste.
Pero Evo está hecho de la pasta de los apostadores profesionales. Dicen que la suerte los acompaña. En meses más sabremos si su estrella sigue brillando o ha comenzado a declinar.
Con el tiempo, eso será anecdótico. Lo que ya no cambiará es que una vez convocado el referéndum revocatorio en esta gestión, seguramente a cada nuevo gobernante le tocará hacer lo mismo, porque poner de acuerdo a los bolivianos contentando a todos es una misión imposible.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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