Una de las características propias de la situación de anomia en la sociedad es la desconfianza que surge y se disemina a lo largo y ancho del organismo colectivo. La desconfianza es el resultado del miedo. No se confía en lo que se teme y, generalmente, se teme lo que no se conoce. Cuando las instituciones están en crisis y las mediaciones no cumplen su rol articulador y catalizador de las relaciones sociales, el miedo al otro, al extraño, al diferente, al lejano, domina nuestras pulsiones y, en consecuencia, provoca nuestras acciones. Podríamos decir que en un estado de funcionalidad, las relaciones sociales se basan en la confianza, mientras que en un estado de anomia, estas mismas se asientan en el miedo.
La crisis de Estado por la que atraviesa Bolivia, que ha devenido en una situación de anomia generalizada y que amenaza convertirse en diáspora, grafica de manera muy elocuente lo que afirmamos líneas arriba. Si hay algo que puede palparse en el aire, en estos aciagos días en nuestro país, es el miedo. Por ello, todos desconfían de todos, dan rienda suelta a atavismos que creíamos superados y nos exhibimos ante el planeta entero de manera impúdica con todos nuestros defectos. El mundo nos observa con una mezcla de curiosidad y compasión.
En medio de esta situación, la tabla de salvación que inventamos para no ser devorados por la vorágine de la violencia, la Asamblea Constituyente, languidece herida de muerte con dos puñaladas por la izquierda y otras dos por la derecha. ¡Cuánta será la voluntad de vivir en paz y de resolver nuestros problemas de manera pactada, que tenemos la mayoría de bolivianas y bolivianos, que mantenemos viva la Asamblea Constituyente a pesar de la crueldad de los extremos inclementes!
La Asamblea Constituyente no puede ser culminada con éxito porque, de manera asombrosa, ha logrado cooptar la suma de todos los miedos. Unos tratan de frustrarla porque tienen miedo perder sus privilegios y canonjías, otros quieren llevarla a cabo a como dé lugar por miedo a que ´el proceso de cambio´ pueda ser revertido, los de más allá pugnan por utilizarla por miedo a que no sirva de ´instrumento´ para el socialismo del siglo XXI. Nosotros queremos que de una vez por todas se entienda que la Asamblea sólo puede funcionar como pacto, como lugar de encuentro y congregación, como articuladora de la reconstrucción del contrato social; y por supuesto, nos mueve el miedo a la violencia, a la muerte, a la destrucción, al enfrentamiento entre hermanos.
El miedo del Gobierno lo ha movido ahora a proponer la convocatoria a un Referéndum revocatorio del Presidente y de los prefectos. Aun si éste logrará vencer los escollos legales y políticos para llevarse a efecto, ¿podrá resolver la crisis de Estado que vivimos? De ninguna manera, daríamos vueltas para estar dentro de tres, cuatro o seis meses en el mismo sitio.
La verdadera solución está en enfrentar nuestros miedos y actuar con coraje y decisión. Es absolutamente necesario ir a concertar sin miedo y no tener miedo a concertar. Este diálogo es responsabilidad de todos. Ni los plazos fatales, ni las amenazas de uno y otro lado nos deben desanimar. Mahatma Gandhi lo dijo: No hay un camino para la paz… la paz es el camino.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
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