El problema de la Constituyente Seguramente la Constitución aprobada en detalle tiene muchos aspectos positivos, varios avances para el país. El gran problema es que las irregularidades de su aprobación hacen que se pierdan de vista y que todo el país se mantenga en vilo.
La forma no es el contenido; pero cómo pesa. Tan importante es trazar el camino, el ponerse de acuerdo en el cómo, el respetar las reglas de juego vigentes, que todo esto es determinante para dar las garantías respecto al sentido y significado que se le quiere dar a un proceso. De esto adolece claramente la Constitución Política del Estado que acaba de aprobarse en Oruro y que en el camino se ha saltado varios de los pasos ya consensuados para garantizar una gestación verdaderamente democrática. Tan es así, que desde la perspectiva actual parece que no fueron necesarios los 12 meses que se le otorgó a la Asamblea Constituyente, más los cuatro de extensión, pues no se necesitaron ni 48 horas para darla por superada: un día le dedicaron los oficialistas a la aprobación en grande y otro a la aprobación en detalle.
El texto resultante será revisado ahora por un Comité de Concordancia y Estilo. ¿Quién le quita a la gente que ha estado reclamando por el proceder —para no mencionar el contenido— el temor de que esta instancia se preste a nuevas arbitrariedades? ¿Qué garantiza que no se vayan a introducir modificaciones, como parece que ha sucedido entre el documento que emergió en Sucre y el de Oruro?
Lo que quizás el MAS no está viendo es que le ha dado argumentos bastante convincentes a la oposición para que ésta promocione el NO cuando se realice el referéndum aprobatorio. En su contra podrá sacar a relucir el cambio de las reglas acordadas para una confrontación democrática.
La Razón ha identificado seis violaciones a la Ley de convocatoria a la Constituyente (artículos 10, 55, 61, 70, 74 y un capítulo de las normas transitorias), además de estrategias de distracción y cerco que están lejos de responder a una vocación democrática.
Si la Ley de convocatoria decía que el orden del día debía ser publicado 24 horas antes a la plenaria y en consulta con las representaciones departamentales y políticas, el oficialismo decidió solo y con una convocatoria hecha pública 10 horas antes de la sesión. Si el acuerdo establecía que los informes de comisiones debían ser remitidos a los constituyentes cinco días antes de su tratamiento en la plenaria, el oficialismo optó por hacer la entrega al momento mismo de ingreso de los asambleístas a la plenaria. Y así sucesivamente.
La oposición habla de 10 violaciones, además de que reclama por la sustitución de una ley por una resolución que borra de un plumazo la aprobación del texto final por dos tercios de los constituyentes e impone la figura de dos tercios de los presentes que, claramente, es algo muy distinto.
Un partido honesto, del tipo que sea, se gana cuando los bandos respetan las reglas. Sólo así todos, sobre todo los perdedores, aceptan el resultado sin chistar y hasta puede ser que aplaudan al que ha resultado ser el mejor. Pero, hay que ver el escándalo que se produce cuando uno de los contendientes sobrepasa lo permitido y, haciendo uso de su fuerza, aplica nuevas reglas en la cancha misma.
Seguramente la Constitución aprobada en detalle tiene muchos aspectos positivos, varios avances para el país. El gran problema es que las irregularidades de su aprobación hacen que se pierdan de vista y que el país esté en vilo.