Las agresiones físicas y psicológicas entre bolivianos cada día crecen: la violencia contra el otro se está convirtiendo en el pan de cada día y, lo peor, es que sólo nos dedicamos a justificarlo, pero pocos a condenarlo, denunciarlo y extirparlo. El racismo está dominando nuestras mentes, lenguas y actos. ´El racismo ha sido históricamente una bandera para justificar las empresas de expansión, conquista, colonización y dominación y ha marchado de la mano de la intolerancia, la injusticia y la violencia´, señala Rigoberta Menchú (2002) dando a entender que el racismo ha sido una herramienta usada por conquistadores en su afán de obtener el poder.
Los que creen que el racismo es un concepto del pasado, deberían leer las obras de Louis Dumont (2001), quien expone que se trata de una ideología típicamente moderna y profundamente emparentada con el individualismo. Sin duda, uno de los principales actores del racismo es el Estado. En cualquier estrategia que se adopte frente a este mal, el Estado tiene un papel central. Como ejemplo, tenemos los peores casos de racismo genocida institucional del siglo XX: el nazismo en Alemania, el apartheid de Sudáfrica, el conflicto de Ruanda en 1994.
´El racismo es una tragedia´, aseguró el expresidente sudafricano Nelson Mandela a los delegados de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, que se realizó en la ciudad sudafricana de Durban. ´El racismo ha sido descrito a menudo como una enfermedad, y es un problema para todos nosotros. El racismo es una enfermedad de la mente y del alma. Mata a muchos, más que cualquier infección. Deshumaniza a cualquiera que lo toca´.
El racismo es una respuesta racional para defender privilegios. El mejor antídoto es el interculturalismo cuyo objetivo último es la plena participación social y la eliminación de toda fuente de discriminación. Trata de lograr una convivencia armónica y estable entre culturas distintas y parte del postulado de que una auténtica comunicación intercultural sólo es posible sobre las bases de la igualdad, la no-discriminación y el respeto a la diversidad. Una cultura no evoluciona si no es a través del contacto con otras culturas.
Mientras que el concepto ´multicultural´ sirve para caracterizar una situación, la interculturalidad describe una relación entre culturas No hay culturas mejores ni peores. Evidentemente, cada cultura puede tener formas de pensar, sentir y actuar en las que determinados grupos se encuentren en una situación de discriminación. Pero si aceptamos que no hay una jerarquía entre las culturas estaremos postulando el principio ético que considera que todas las culturas son igualmente dignas y merecedoras de respeto. La intercul-
turalidad es un componente de la personalidad de las personas que fueron educadas en la tolerancia y el respeto a los demás, a los diferentes. Es una actitud que refleja un desarrollo cultural muy alto y sólo lo desarrollan personas que constituyen, son parte de civilizaciones profundamente democráticas, avanzadas.
El interculturalismo es un estadio superior de desarrollo al que debemos avanzar y no quedarnos en esta miseria racista que nos está matando.
*Iván Arias D. es experto en descentralización.
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