Un motivo de honda complacencia, para los bolivianos, es su solidaridad, su capacidad para compartir con sus semejantes. De allí que las enormes campañas de recolección de regalos de Navidad puedan realizarse año tras año. Y no sólo esto, sino que pequeñas iniciativas se multiplican por doquier con un solo objetivo: regalar felicidad.
Este año, por los problemas del país, difícilmente se va creando el clima festivo. Hay miedo, incertidumbre por lo que pueda pasar entre los bolivianos. Sin embargo, la gente que asume su misión de ayuda está trabajando intensamente para reunir juguetes, alimentos, ropa con que animar, aunque sea un día, la vida de quienes viven en pobreza.
Cientos de jóvenes están en las calles con la difícil tarea de pedir. La gente sabe que es un pedir para otros y que nada puede ilustrar mejor el sentido de que la Navidad es amor.