La esquina entre las calles Comercio y Socabaya, a pasos de la plaza Murillo, fue nuevamente un lugar para la expresión. En esta oportunidad no fueron ni gremialistas ni activistas ni mineros... fue cosa de artistas.
Galo Coca marcó el mediodía del lunes 10 de diciembre con el ronco sonido de su caja de cervezas. Salió del Museo Nacional de Arte arrastrándola, llegó hasta la esquina de la plaza Murillo y se instaló frente a uno de los muros de repositorio. La gente formó un círculo en torno a él y, entonces, el artista paceño abrió en el aire una bolsa de mixtura que llovió sobre la calle.
La performance se había iniciado. Vestido de blanco, Coca destapó todas las botellas, menos dos. Al terminar, golpeó con fuerza la caja contra el suelo, produciendo una cascada de espuma. Luego abrió una de las botellas sobrantes y, en un estado de excitación, se la vació completa por el cuerpo. El paso de la cerveza por su pecho (corazón), destiló una creciente mancha roja. El artista entonces invitó un trago de la botella restante a uno de los transeúntes para beberse luego todo el contenido. Y así como vino, se retiró.
El efecto en la gente, que empezó a aplaudir, fue estimulante. Comenzaron los comentarios tratando de explicar lo que acababa de hacer el artista y surgieron múltiples interpretaciones sobre el significado de la performance.
Esta es quizá la característica más importante que ofrece el arte, la posibilidad de invitar a pensar y sentir. Con la debida distancia del mensaje predigerido, el arte político apuesta por la reflexión y el impacto sensorial.
El lunes 10 de diciembre, el Museo Nacional de Arte y el Defensor del Pueblo organizaron una jornada que combinó arte en la calle y performance con la temática de Derechos Humanos.
Para la ocasión, cinco artistas de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz mostraron sus obras, cada uno con una particular forma de entender el arte político.
Coca ha utilizado la estética popular y la construcción de identidades, trabajando con la apropiación y la actualización de las tradiciones, enfocado en otras estructuras de poder.
Para él, todo artista viene siempre con una carga política. ´El arte siempre parte de un individuo que responde a un tiempo, a una coyuntura... la realidad nos abruma´. Por ello, Coca trabaja con la cultura popular que, al verse marginada de las esferas de poder convencionales, ha creado su propio sistema. ´Son aislados del mundo estatal. Es el poder cholo, el comercial, el sindical y una serie de movimientos que nacen de vivencias sociales´.
Mientras tanto, la reflexión ha sido el motor de la obra de Douglas Rodrigo Rada, quien se lanzó ese día a encuestar a 100 paceños para preguntarles si tienen armas y si no las tienen, para saber con qué se defienden.
Su particular cuadro de resultados arrojó que tres de los 100 consultados estaban armados y que los demás se defendían con los puños, con las uñas, con palos, marchando, con la mente, con un bastón ancestral... El panel llamó la atención de los transeúntes y logró aflorar en los cuestionados una serie de sentimientos encontrados. ´Por alguna razón, en los años 60 hubo una repercusión más grande del arte en la política, sobre todo en países como Argentina, estaban permanentemente censurados. Resultado de eso es que en 1994 se hizo allí una exposición sobre la dictadura. En Bolivia es difícil encontrar una obra censurada. El arte ha quedado dentro de un cubo, puede ser políticamente incorrecto, pero difícilmente es censurado´, expresa Rada.
A pesar de que en su obra ha destacado más el tenor psicológico, lo político fue una urgencia. ´Con todo lo que ha estado pasando han ido saliendo estas piezas. Tengo un tablero de tiro al blanco con un texto que dice \'Todos somos blancos\' y un bate de béisbol llamado \'arma blanca\'´.
También están las obras coyunturales. Eduardo Ribera Bluebox, quien ganó el Premio Pedro Domingo Murillo 2007 por una obra de este tipo —2/3, que habla sobre el debate entre el MAS y la oposición en la Constituyente— tocó el tema de la migración con un afiche en que se ven dos manos abriéndose paso entre unas rocas como fondo de un texto con nombres de países latinos y un ´Permiso´ en medio.
La performance de Bluebox consistió en empapelarse todo el cuerpo con el afiche y permanecer así por 45 minutos. Recientemente, el artista realizó un trabajo similar en Nueva York. ´Permiso se inició el 2003 con Intervenciones Urbanas en diferentes ciudades de EEUU, principalmente en Lincoln Road, en Miami. El 2007, el proceso y desarrollo de la obra creció hasta convertirse en una performance en Nueva York y La Paz´.
Las otras dos obras presentadas en esa mañana les pertenecen a Roberto Unterlastaetter y Alejandra Dorado. El cruceño envió un póster con un juego tipográfico con las letras ´j´ y ´p´ para crear paralelismos entre los conceptos de ´joder´ y ´poder´. Dorado apostó por una performance objetual.
Dorado, en una obra sin título, dibujó sobre una sábana blanca una bandera boliviana manchando la parte superior con rojo sangre, marcando el amarillo con purpurina dorada y señalando el verde con hojas de coca. Luego sacudió la sábana, lanzando los tres componentes al sorprendido público que se quedó con la pregunta. ¿Qué habrá querido decir? Precisamente eso: escarbar en la mente para invitar a pensar.
LA EXPOSICIÓN
Video • En la sala audiovisual del Museo Nacional de Arte también se proyectan registros de obras de Roberto Valcárcel, Gastón Ugalde, Sol Mateo, Angélika Heckl, Douglas Rodrigo Rada, Alfredo Román, Galo Coca, Bluebox, Alejandra Dorado y Evan Abramson.
Muestra • En el patio de cristal se exhiben fotografías de las performances. La exposición permanecerá abierta todo el mes de diciembre en el MNA (Socabaya esquina Comercio).