Afortunadamente, los plazos de negociación y diálogo que parecían cerrarse el 14 de diciembre, fecha de entrega del nuevo texto constitucional al Congreso, y asimismo de aplicación de los estatutos autonómicos en las regiones que fueron favorecidas por el Sí, se han alargado. Así lo han decidido el Gobierno y las regiones a fin de tener el tiempo de realizar un intenso proceso de consultas ciudadanas, durante el próximo año, para refrendar sus respectivas decisiones. Esta pulsión por recurrir a la ´legalidad´ mediante el voto ciudadano responde, en realidad, a la necesidad de mejorar sus posibilidades estratégicas de victoria, más que encarar y resolver los problemas.
Resulta paradójico, y a la vez curioso, buscar la ´legalidad´ de los actos cuando, de un tiempo a esta parte, el respeto a la ley ha pasado a un lugar secundario frente a la lucha política y social que predomina en el escenario nacional. En estos momentos, el recurso de lo legal, lejos de convertirse en una mínima certeza, se convierte en un mecanismo de confrontación, un elemento más de disputa en la batalla discursiva instalada en el país, en la que un bloque acusa al otro de ´ilegalidad´ de su propuesta, mientras esconde bajo la manga la propia infracción a las normas para avanzar en sus objetivos particulares.
Es evidente que, desde hace varios meses, estamos jugando peligrosamente con los límites de la institucionalidad democrática, interpretando y forzando artículos de la actual Constitución, pasando por alto acuerdos plasmados en leyes, y proyectando escenarios de legitimación democrática inventados por los protagonistas. Así, se pretende realizar al menos cinco referendos el 2008, totalmente desordenados y sin una mínima secuencia lógica que apunte a una solución. Esta locura colectiva implica un gasto desmesurado, riesgos de fatiga cívica, desgaste y problemas de credibilidad en los mecanismos de consulta; pero además promete escasos resultados pues, con seguridad, quienes no logren su cometido terminarán desacatando y oponiéndose a los mismos.
Esta suerte de entrampamiento que tiñe los escenarios de una fuerte incertidumbre en el futuro, nos lleva a buscar la raíz del problema y a la vez de su posible solución pacífica: sensibilizar a los bloques enfrentados para que se logre sustituir la lógica de la acumulación de presiones, resistencias y posiciones cerradas por la apertura a un mínimo espacio de negociación y concertación.
Las reiteradas experiencias históricas en el país, demuestran que las soluciones unilaterales no son sostenibles y sólo acrecientan las fracturas sociales. ¿Ese es el camino deseado, pero además posible? La predisposición al diálogo, a la búsqueda de soluciones negociadas, a la tolerancia e inclusión expresada en diversos estudios de cultura política muestran las tendencias de la sociedad boliviana. Por lo cual, sólo una vía de solución mínimamente concertada que recoja el derecho y la posición del ´otro´ puede ser sostenible en un país tan heterogéneo y diverso como el nuestro. Consideramos que es preciso dejar de lado las ´pulsiones autonomistas´ y propender a un proceso de reconsideración de la propuesta constitucional, abriendo espacios de negociación en los temas críticos, pues esta será también la mejor garantía de respaldo ciudadano al nuevo texto constitucional, que tanto requerimos.
*María Teresa Zegada es socióloga.
Nuevos frentes en Irak
Cuando la seguridad parecía mejorar en Irak, se abren nuevos abismos. Las incursiones turcas en el Kurdistán iraquí han abierto un nuevo frente innecesario, mientras que en el sur, la vergonzante retirada británica de Basora
La ilegalidad de la Constitución
El desarrollo de la Asamblea Constituyente estuvo plagado de ilegalidades y anomalías, al extremo de que el producto que emergió de ella nada tiene que ver con una Constitución Política del Estado, como se había previsto que fuera.
El Presidente y la periodista
Por alguna razón, digna de un análisis de sicología colectiva, sectores de la sociedad boliviana han acabado por aceptar, presumiblemente con una mezcla de rabia e impotencia, pero en silencio al fin
Todos son culpables del fracaso
El diálogo franco y sincero es el único camino para evitar que el 2008 sea el comienzo del fin de la construcción de una Bolivia democrática e incluyente.