La espera de un año y medio, desde que pasó el espectáculo de la “nacionalización”, valió la pena para Petrobras. Ahora ha decidido volver a invertir en Bolivia, pero bajo nuevas condiciones, surgidas de la urgencia del Gobierno boliviano por recibir alguna inversión petrolera.
Aquí se vio con claridad la diferencia entre lo que puede decir un presidente, como es el caso de Lula da Silva, y lo que decide una empresa, como es Petrobras, con accionistas privados a los que debe responder en el NYSE. Lula ofreció grandes inversiones pero José Sergio Gabrielli, el presidente de Petrobras, se ocupó de poner las condiciones.
En Bolivia no se supo nada de las nuevas condiciones. Pero en Brasil se conoció —lo dijo O Estado de Sao Paulo— que las nuevas inversiones de Petrobras en Bolivia serán hechas sólo para la exportación. Ni una sola molécula del nuevo gas que se produzca por parte de la empresa brasileña será destinada al mercado interno boliviano, donde los precios son subsidiados.
El Gobierno boliviano dudó varias horas en aceptar esa condición. Entre las indecisiones y las consultas se perdió el partido de fútbol que había solicitado con tanto empeño el protocolo de David Choquehuanca. Finalmente, ante la necesidad de hacer algún anuncio, el Gobierno boliviano dio el brazo a torcer. A alguno de los funcionarios le resonaba todavía el recuerdo de las bulliciosas campañas que tenían el lema de “el gas para los bolivianos”, del año 2003.
Parece que los bolivianos deberían seguir esperando por el gas, ya que por el momento lo urgente es atender los compromisos de exportación. Para atender la demanda prevista el 2010, Bolivia tendría que producir 75 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, que es más del doble lo que produce ahora. De ese total, sólo ocho millones serían para el mercado interno.
A ninguna empresa petrolera —Petrobras no es la excepción— le puede interesar hacer inversiones millonarias para vender el producto a un mercado donde los precios son muy bajos. Esa regla se ha cumplido otra vez en Bolivia.
Lula dijo que las inversiones serán de 1.000 millones de dólares, pero Gabrielli aclaró que la única cifra segura es la inversión de prueba, que será de 240 millones, en un plazo de cuatro años. Esto, en terminología petrolera, quiere decir que cuando se haya hecho la primera inversión, y hayan, eventualmente, surgido indicios de la existencia de sistemas productivos, la empresa analizará si sigue o no invirtiendo. Y eso dependerá de varios factores, sobre todo de la urgencia que tenga el gobierno local, que será proporcional a la reducción de los impuestos que está dispuesto a hacer.
La necesidad, dicen, tiene cara de hereje. En este caso, la más dura lección petrolera llega, muy disimulada, es cierto, de una empresa estatal, o casi. Así se cerró una larga espera de inversiones. Ni siquiera PDVSA cumplió con el compromiso de invertir 1.500 millones, como lo tiene prometido el señor Hugo Chávez desde hace dos años.
Era necesario llegar a algún acuerdo, a cualquier costo. Los argentinos se están poniendo nerviosos por haber sido postergados en las prioridades de Bolivia. Y si los envíos no se normalizan, comenzarán a aplicar la cláusula del deliver or pay.
*Humberto Vacaflor G. es periodista
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