En espera del diálogo Esta tregua navideña tendría que producir el milagro de que los líderes bolivianos decidan dar el paso hacia el diálogo, el entendimiento, y comprometerse desde ahora a no ser más los responsables del atraso y la miseria de los bolivianos.
El clima navideño que se ha apoderado del país ha hecho surgir la esperanza de que el diálogo entre los actores políticos dé lugar a espacios de entendimiento que acaben con la tensión y la incertidumbre que dominan la vida de los bolivianos. La ciudadanía espera que los líderes actúen con inteligencia y piensen en el país y dejen de poner sus intereses políticos por encima del bien común.
Quizá deban entender los líderes que si Bolivia se encuentra en el último lugar del desarrollo de los países de la región es precisamente porque sus líderes del pasado siempre pusieron sus objetivos políticos por encima de los intereses del país.
Esta incapacidad para el diálogo ha hecho surgir en el centro de Sudamérica un país que exporta gas natural, que exporta minerales, que tiene una riqueza hídrica envidiable, un territorio lleno de maravillas, una población trabajadora, pero que no ha podido lograr su progreso.
Bolivia, en efecto, es el único país, de los que recibieron la condonación de sus deudas externas por parte de los organismos internacionales, que exporta gas natural y petróleo. Todos los demás países de esa lista de 16 son realmente miserables porque no tienen nada de qué vivir.
Esta incapacidad para pensar en el bien común ha hecho que este año 2007, Bolivia figure en uno de los últimos lugares de crecimiento económico de la región. Eso, como resultado de las pocas inversiones que llegaron al país debido, precisamente, a la existencia de un clima político tenso.
No sería justo culpar a un solo gobierno por la actual situación. Es la suma de muchos gobiernos que han ido creando una situación por la que Bolivia está siempre a punto de estallar.
Las cadenas internacionales de Tv pusieron en los últimos días a Bolivia como el tercer país de mayor tensión en el mundo, después del conflicto Israel-Palestina e Irak. Con esos antecedentes será difícil que ningún inversionista del mundo se proponga traer sus recursos a este país. Eso se refleja en la tasa de inversión, la más baja de América Latina, de apenas 12% del PIB. Mientras todos los países progresan, como se puede comprobar saliendo a través de cualquier frontera, Bolivia se estanca e incluso está retrocediendo, según algunos indicadores.
Todo ello tendría que estar en la mente de los líderes nacionales, ahora que el país ha llegado a uno de sus momentos más dramáticos. Esos líderes deberían pensar que alimentar el odio entre los bolivianos sólo va a llevar al país a la división y, por supuesto, a un mayor atraso y pobreza.
En otras sociedades se aplica el criterio de que en una negociación, en un cruce de opiniones, la mejor solución es aquella en que ambas partes ganan algo. La derrota del rival produce satisfacción al vencedor, pero deja al derrotado con ganas de tomarse la revancha. Y de esa manera no se llega nunca a tener un clima propicio para el trabajo, la vida normal, el progreso y, sobre todo, la paz.
Esta tregua navideña tendría que producir el milagro de que los líderes bolivianos decidan dar paso hacia el diálogo, el entendimiento, y asumir el compromiso de no ser más los responsables del atraso y la miseria de los bolivianos. La terquedad debería ceder paso a la voluntad de entendimiento, sobre todo si se quiere salvar a Bolivia.