El pueblo aymara no festeja la Navidad ni el nacimiento del Niño Jesús, pero sí celebra otras fiestas el 21 y 22 de diciembre, que son la Illa e Istalla, las fiestas de la semilla y la existencia mineral, vegetal y animal.
“Nosotros celebramos otra fiesta el 21 y 22 de diciembre, que es la fiesta de Illa e Istalla. Es la fiesta de la semilla de toda forma de existencia animal, mineral y vegetal. Nosotros estamos en tiempo de la primera siembra y estamos cosechando; entonces, el 21 de diciembre, con el solsticio de verano, nosotros exponemos a los primeros rayos solares todos los frutos que hemos cosechado de la primera siembra”, explicó el sociólogo Fernando Huanacuni.
Contó que, según la cultura aymara, la fiesta se celebra en agradecimiento a la madre tierra y al padre sol, por haber entregado a la comunidad los primeros frutos de la cosecha.
Huanacuni contó que para la cultura aymara la Navidad no tiene ningún significado, aunque efectivamente saben sobre el nacimiento del Niño Jesús, pero no es motivo de festejo. “De los aymaras que guardamos la tradición, la Navidad no tiene ninguna connotación”, explicó.
Dijo que la fiesta de la Illa representa a una semilla que tiene la forma de existencia animal y que la de la Istalla representa la existencia mineral y vegetal de la naturaleza.
El antropólogo Wilfredo Chávez sostuvo que la diferencia entre los pueblos aymaras y quechuas, respecto a la Navidad, se debe a la culturización. “Es una forma de culturización, la Colonia ha introducido principalmente a la fiesta agrícola que teníamos nosotros; es por ese mismo hecho que es la fiesta más que todo agrícola”, dijo.
Opiniones
“Vamos a tener un pesebre viviente en Tarija”
CIRA FLORES. Oficial Mayor de Culturas de Tarija
“Dentro del departamento tenemos una de las costumbres más bonitas, que son las adoraciones, la interpretación de villancicos y las trenzadas. Hemos iniciado la Navidad el 1 de diciembre. Se hace apertura en la plaza principal y se ponen palos de trenzar para que los niños bailen.
Interpretan los villancicos con semillas y tamborcillo. La gente arregla las fachadas de sus hogares con motivos navideños, generalmente con cosas típicas de la región. Arreglan los pesebres en sus casas y por lo general hacen los pesebres vivientes.
Todo esto motiva al encuentro, a que la población pueda sumarse, y desde el 1 de diciembre hasta fines de enero se llevan los palos de trenza a los barrios, a las casas de las familias tradicionales. Los palos de trenza miden más de 10 metros, casi 12, llevan cintas de color tejidas de manera artesanal y bailan casi 18 niños alrededor de cada uno de ellos.
Este año vamos a tener un pesebre viviente en Tarija, pasando el puente San Martín, con todos los vecinos que incluso han construido una casita como en la que nació el Niño Jesús. Las adoraciones las hacen los niños y adultos, los mayores toman mistelitas (licor de colores y sabores) y a los niños se les da aloja (refrescos de maní o cebada).
En Potosí se conservan las tradiciones de hace años
Información otorgada a La Razón desde la Casa de la Moneda
La celebración de la Navidad en el departamento de Potosí, según una información otorgada desde la Casa de la Moneda de la Villa Imperial, hoy en día conserva las tradiciones de años pasados, especialmente la de reunir a toda la familia para adorar el nacimiento del Niño Jesús con villancicos, adoradores, buñuelos y con la tradicional picana.
Se acostumbra también pasar la fiesta del Niño Jesús con bandas de música, petardos y cargamentos de carritos pequeños, adornados con utensilios de plata. En medio de esas huellas del pasado, hay algunas diferencias como los arbolitos de plástico, foquitos de color, adornos y juguetes caros, que sólo pueden adquirir las personas que tienen posibilidades económicas.
Según la historia, la Nochebuena en Potosí era esperada con ansias por todos los niños, quienes colocaban sus zapatitos tras la puerta de la casa, esperando el regalo del Niño Dios. La inocencia de los pequeños era completa, porque pensaban que realmente el portador de los juguetes y golosinas era Jesús.
La amas de casa preparaban para la noche del 24 la tradicional picana, el espumoso sucumbé y las mistelas. No faltaban las roscas de Navidad y los buñuelos, para servir con un espeso chocolate después de la misa de gallo, que en el departamento de Potosí se llama “tutamisa”.
La Vidalita, un ritmo propio de Toledo en Oruro
DONATO AYMA. Ex ministro de Educación, en un artículo escrito para La Razón
La tradicional costumbre de la Vidalita es un cántico de Navidad que aún hace falta investigar más profundamente; sin embargo, los lugareños todavía cantan y bailan la canción de la Vidalita en honor al nacimiento del Niño Jesús. Este ritmo se interpreta únicamente el 25 de diciembre, cada año, en la Navidad.
Hasta algunas décadas, organizaban la Vidalita para la Navidad los “jila sullkas”, conocidos como mayordomos encargados del templo de San Agustín de Toledo, que son nombrados desde sus respectivos ayllus.
El día de la Navidad, los encargados de esta fiesta distribuyen el “pillu” (rosca navideña) a sus invitados. Todos bailan en ronda agarrados de manos en grandes filas. Bailan al Niño Jesús, cantando la canción la Vidalita y ésta con su ritmo navideño integra a la familia y a las comunidades.
Todos bailan al son de la música que interpreta un conjunto de cuerdas compuesto por mandolina y guitarra y el grupo musical tiene un vocalista conocido como “maestro” que lidera la canción. Se alegran cantando agarrados de las manos y todos llevan en el sombrero una corona de pan de rosca. En las últimas décadas ese ritmo está siendo reemplazado por una banda de música.