Desarme político para el diálogo Mientras se concrete el diálogo corresponde que las partes en conflicto hagan el esfuerzo para crear el ambiente propicio, lo que también involucra a la ciudadanía en general, de manera tal que el diálogo esté acompañado de los mejores augurios.
Es muy probable que ni el oficialismo ni la oposición se sientan satisfechos por las frustraciones que tuvieron el 2007. Con mayor razón debe hallarse la ciudadanía, que tuvo que oír y ver agresiones verbales y físicas, hasta el extremo de desatarse enfrentamientos armados, con saldo de muertos y heridos, en Cochabamba, Sucre y Cobija.
De ninguna manera puede aceptarse tanto resentimiento de parte de los gobernantes y de los opositores. Al final de cuentas, los que padecen las tensiones y las pugnas son los bolivianos. No se les permite vivir en paz y armonía, como siempre han querido. Es bastante con que sobrelleven las carencias y la pobreza y si a estas limitaciones se les suman los conflictos y la intolerancia política, es imposible que se les haga creer que se está luchando por ellos, por su futuro. Por el contrario, se los está martirizando de la forma más cruel.
De ahí que todos han recibido con complacencia y esperanza la posibilidad de que se realice un diálogo entre el presidente Evo Morales y los prefectos. Si fuera posible, lo ideal sería que también participen en él los principales dirigentes políticos, para que los eventuales compromisos que puedan concertarse tengan la más amplia acogida y ejecución.
En los días que faltan para el 7 de enero, fecha que se ha escogido para iniciar el diálogo, sería muy bueno que los participantes se pongan de acuerdo en los temas que van a tratar, con lo que de lleno podrían comenzar las conversaciones, sin pérdida de tiempo ni engorrosas discusiones acerca de la agenda a tratarse.
Si bien el Presidente expresó que está abierto a dialogar sobre todos los temas que se le propongan, lo mejor sería que haya un acuerdo previo al respecto. Las regiones tienen previstos los asuntos a debatirse, los cuales serían la revisión del proyecto de Constitución Política del Estado aprobado en Oruro, la reducción a las prefecturas del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), la aplicación desde este año de la renta Dignidad a las personas mayores de 60 años y la realización de nada menos que tres referendos en este 2008.
Dada la trascendental importancia que tienen estos temas, la necesidad del diálogo se ha tornado en imperiosa. No se puede dar ni un paso más en la conducción del país, si acaso no quedan zanjados tales asuntos. Menos mal que el presidente Morales siempre ha dicho, en sus discursos, que su Gobierno apuesta por el diálogo. Por tanto, el diálogo que se iniciaría el lunes próximo resulta ser crucial.
Mientras existe este corto paréntesis, corresponde que las partes en conflicto hagan el esfuerzo indispensable para crear el ambiente propicio, lo que también involucra a la ciudadanía en general, de manera tal que el diálogo esté acompañado de los mejores augurios. Por tanto, es mejor ser prudentes y responsables, está en riesgo, incluso, la unidad del país, como se dice desde las esferas gubernamentales.
En medio, se halla en juego la democracia, que es el mayor bien conseguido en los últimos 25 años. La estabilidad política y social, así como el crecimiento de la economía. Esto último, en particular, requiere mucha dedicación y esmero. Bolivia no está aprovechando adecuadamente, como debiera ser, las condiciones favorables de la actual coyuntura internacional.