La espera del ATPDEA El Gobierno tendría que enfocar el tema pensando exclusivamente en los intereses del país y de los bolivianos. Los conceptos o los principios políticos o ideológicos, propios o adoptados, tendrían que ceder paso al pragmatismo.
El país ingresó en el tercer año consecutivo de espera de una ampliación del principal acuerdo comercial por el cual los productos bolivianos pueden acceder al mayor mercado de consumo del mundo, Estados Unidos.
En la larga espera, el Gobierno nacional ha hecho saber que no desea avanzar en la negociación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la potencia mundial, debido a que hay demasiadas asimetrías entre los dos países.
Con criterio más pragmático, Chile y Perú, entre los vecinos, firmaron sus respectivos TLC con Estados Unidos y ahora se aprestan a enviar sus productos al mercado más grande del mundo. Las asimetrías que existen entre sus economías y la de Estados Unidos fueron tomadas en cuenta en la negociación; al fin y al cabo la potencia mundial tiene la economía más grande del mundo y sus relaciones con cualquier otro país deben tomar en cuenta asimetrías de diferente dimensión.
Lo cierto es que ahora los gobiernos de Perú y Chile, como lo informó La Razón, están ofreciendo a empresarios bolivianos la posibilidad de que lleven sus inversiones para mantener sus exportaciones hacia Estados Unidos.
Este ofrecimiento abre la posibilidad de que el ahorro interno boliviano se vaya a Perú y Chile por decisión de empresarios que desean seguir exportando a Estados Unidos. Si se produjera una emigración de las inversiones bolivianas hacia los países vecinos, se irían con ellas los empleos, los ingresos, las riquezas y las exportaciones.
Mientras se abre esta posibilidad, que terminaría debilitando la economía boliviana, el Gobierno sigue esperando que Estados Unidos acepte ampliar por algún tiempo más el ATPDEA. Las probabilidades de que eso ocurra son muy reducidas, en vista de que el gobierno norteamericano ha hecho saber que la vigencia de ese programa —creado para alentar a los países productores de coca a diversificar su economía— ha concluido, y que cualquier oportunidad de mantener las exportaciones al mercado de Estados Unidos será hecha sólo en el marco de TLC bilaterales.
La espera de dos años ha causado perjuicios que se miden en la eliminación de miles de empleos en las ciudades donde se producían los bienes que eran exportados a Estados Unidos, aprovechando las ventajas del ATPDEA.
La incertidumbre sobre la ampliación de la vigencia de este acuerdo ha ido desalentando a los inversionistas que necesitan saber con anticipación si podrán o no exportar sus productos. Las ampliaciones de seis meses, o las dudas sobre las futuras ampliaciones, no han sido una buena señal para los industriales. Se trata de un sector que tiene una gran capacidad para la creación de empleos, pues produce artesanías, textiles y confecciones. Son cientos los talleres de medianas y pequeñas empresas que se beneficiaban del programa.
El Gobierno tendría que enfocar el tema pensando exclusivamente en los intereses del país y de los bolivianos. Los conceptos o los principios políticos o ideológicos, propios o adoptados, tendrían que ceder paso al pragmatismo. Si es necesario firmar un TLC con Estados Unidos, habría que comenzar las negociaciones. Dada la magnitud de las asimetrías entre los dos países, es probable que Bolivia obtenga un trato especial.