Las imposiciones de los gremiales Las obras y proyectos de desarrollo para La Paz no pueden esperar más tiempo. El Alcalde debe mantenerse firme, sentar autoridad y no retroceder, y las vendedoras del mercado Lanza darle a esta ciudad una oportunidad de mejorar.
Una vez más, el sector de los vendedores callejeros y de los mercados de abasto, autoidentificados como trabajadores gremiales, trata de desconocer a las autoridades municipales e incluso a las de rango estatal, imponiendo sus conveniencias y caprichos.
Ante el poder que ha alcanzado este sector informal, por la enorme cantidad de afiliados que tiene, frecuentemente realiza marchas callejeras —por todo y por nada— causando descomunales congestionamientos en el tránsito vehicular y peatonal, por horas. El resultado es que ocasionan graves perjuicios al normal funcionamiento de toda una capital, como es La Paz.
Se calcula que solamente en esta capital, tan estropeada y mal querida, las huestes gremiales pasarían de las 100.000 personas. Además de los ya conocidos argumentos de crisis económica, las causas para este insólito crecimiento la tienen los propios transeúntes. Por no dar unos pasos más para hacer sus compras en tiendas, almacenes, mercados y supermercados, optan por apelar a los vendedores callejeros, sin considerar que es la mejor manera de estimularlos.
Por todas estas razones, las autoridades ediles, principalmente, tienen que enfrentar conflictos mayúsculos con los gremiales, cuando se proponen efectuar mejoras urbanas. Ahora que la municipalidad de La Paz está empeñada en modernizar el casco urbano central tropieza, otra vez, con este sector. Hasta ayer la comuna negociaba aún con las vendedoras del mercado Lanza, las condiciones para la construcción de una nueva infraestructura para este tradicional centro de abasto.
Para dar paso a la demolición del viejo edificio, la Alcaldía tuvo que negociar más de un año con las comerciantes, que se resistieron a dejar sus puestos, y por esta razón la obra lleva nueve meses de demora. La comuna se comprometió a que los nuevos puestos los ocupen las mismas vendedoras, de modo que tengan más comodidad, higiene y vistosidad.
Aunque, finalmente, las vendedoras aceptaron su traslado provisional a unos tinglados instalados en las cercanías del actual mercado, el conflicto persistió hasta estos días. Como fue acordado, los nuevos puestos tendrán que ser vendidos o concedidos en comodato (préstamo gratuito, según el diccionario), el cual tendría una duración de 30 años consecutivos, con la probabilidad de ampliar el beneficio por otros 30 años más.
La diferencia entre la municipalidad y las vendedoras se centró en los precios de los puestos. Estas últimas pretendían que el valor de los lugares que les corresponderá sea poco menos que regalado, en tanto que las autoridades edilicias insistían en recuperar por lo menos parte del costo de la obra.
Una última concesión de la comuna es que el pago por cada puesto se realice en cuotas, hasta en 10 años. En el caso de que las comerciantes accedan al puesto en calidad de comodato, sólo pagarán por su espacio, de manera mensual, sin interés. Además, la comuna accedió a demoler el vetusto mercado por las noches, para no perjudicarlas en la atención a sus clientes.
Las obras y proyectos de desarrollo para La Paz no pueden esperar más tiempo. El Alcalde debe mantenerse firme, sentar autoridad y no retroceder, y las vendedoras del mercado Lanza darle a esta ciudad una oportunidad de mejorar.