El encuentro gobierno-prefectos En el balance, la reunión fue un espectáculo de política civilizada surgido de un país del que se cree que está al borde de la guerra civil. Seguramente fue una sorpresa para quienes hablan de la inminente división de Bolivia.
La reunión del presidente Evo Morales con los nueve prefectos, realizada la noche del lunes, marcó un hito en la política boliviana, como lo demostró el interés con que fue seguida por casi todos los bolivianos.
Quizá la frase del mandatario Morales, dicha hacia el final de la cita: “la gente quiere vernos juntos”, reflejó con precisión el clima predominante en ese momento en todo el país, que aguardó el encuentro con la esperanza de que se produzca el milagro de la paz y el entendimiento. Fue, para alegría de los bolivianos, una reunión civilizada. El respeto que mostraron los prefectos obligó al ministro Alfredo Rada a salir de prisa del recinto para ordenar callar a los seguidores del MAS que estaban insultando a los prefectos opositores en la plaza Murillo.
Terminada la ronda protocolar, los prefectos comenzaron a hablar con más soltura. El discurso del prefecto paceño, José Luis Paredes, totalmente desembozado y sincero, marcó la tónica de las participaciones a partir de ese momento.
La exposición de Paredes abarcó todos los temas. Fue la crítica más sincera que ha debido escuchar hasta ese momento el presidente Morales, con alusiones a todo lo que merecía ser mencionado. El discurso de Paredes podría ayudar a la reconciliación nacional, pues exhibió los reproches de los paceños a un Gobierno supuestamente refugiado en los votos de esta población. Fue el mensaje de que este Gobierno no es el gobierno de los paceños, ni mucho menos.
Aunque el Prefecto de La Paz abarcó también el tema de la Constitución, fue el de Pando, Leopoldo Fernández, quien expresó la preocupación de gran parte del país sobre la manera cómo se está manejando ese tema de parte del Ejecutivo. Fernández recordó que la última Constitución de Brasil fue respaldada por 93% de los ciudadanos de ese país. Por lo tanto, será difícil que la de Bolivia, que tiene el respaldo de sólo la mitad de los ciudadanos, o de sus representantes, tenga la posibilidad de ser acatada por los bolivianos. Una Constitución debe ser diseñada para perdurar mucho tiempo, y por lo tanto no puede ser impuesta a la mitad de la población. No podría ser aplicada.
El prefecto de Tarija, Mario Cossío, hablando con altura, fue quien expresó con mayor claridad el disgusto de los departamentos productores de hidrocarburos por el tratamiento que el Gobierno ha decidido dar a los recursos del gas natural. Los recursos naturales no renovables del territorio tarijeño deben pagar 70% de impuestos y deben servir para todo el país, mientras que los recursos naturales no renovables de los departamentos mineros sólo pagan 7% de impuestos. Y los hidrocarburos son recursos que no durarán mucho tiempo. El de Santa Cruz fue muy respetuoso y quizá no necesitaba decir más, pues el mensaje cruceño es el que guía a quienes resisten el proyecto masista. Los de Potosí y Oruro dieron un espectáculo triste y parecían estar agradecidos de que el Ejecutivo recortara los recursos del IDH. El Prefecto de Cochabamba habló con mesura, en vista de las enormes diferencias que tiene con Morales.
En el balance, la reunión fue un espectáculo de política civilizada surgido de un país del que se cree que está al borde de la guerra civil. Seguramente fue una sorpresa para quienes hablan de la inminente división de Bolivia.