Un ch'enko de visiones afecta la brújula de la educación en Bolivia Educar en primaria con la Reforma Educativa de 1994, formar estudiantes con las bases del Código de Educación de 1955 en secundaria o hacerlo con una vocación descolonizadora en el área rural, parece ser una práctica cotidiana en el país.
La educación en Bolivia puede asemejarse hoy a una mesa de tres patas, que no tiene estabilidad y está a la espera de un pilar que no se sabe a ciencia cierta cuál, así pasa por la mezcla de visiones que coexisten de manera caótica, con resabios que datan incluso de mediados del siglo pasado, y que ya se creían superados.
Los tres pilares son el Código de la Educación de 1955, la Reforma Educativa de 1994 y el actual proyecto de ley Avelino Siñani y Elizardo Pérez que espera ser tratado por el Congreso Nacional este año.
Tres visiones que hacen un proceso que va desde un tipo de educación homogeneizante (la del Código del 55) hasta un enfoque intercultural, productivo y descolonizante (que impulsa este gobierno y fue antes parte de experiencias como la de Warisata), pasando por la polémica como inconclusa Reforma Educativa de 1994.
¿Cuál es el producto de este proceso? ¿Qué tipo de estudiantes se está formando? ¿Hacia dónde van la escuela y la educación en Bolivia? ¿Es posible pensar en la coexistencia armónica de estas tres visiones y que confluyan en un nuevo esquema? Son algunas de las preguntas que servirán de guía en este intento de evaluación de la educación boliviana a pocos días de iniciarse una nueva gestión escolar.
Para poner a prueba la teoría del ch\'enko de metodologías educativas, se ha consultado a tres especialistas en temas de educación sobre este singular escenario. Los tres han reconocido en que hay un caos y lo explican con que ninguna visión logró consolidarse del todo. La mejor y más triste prueba de ello es que hoy por hoy, como otros años, se forman estudiantes “desorientados” con deficientes niveles académicos y humanísticos.
“La educación tradicional, la del 55, está presente hasta hoy en la mayor parte de las escuelas y colegios del país. La Reforma Educativa llegó a estas unidades educativas, pero sólo se trabajó en primaria y no en secundaria”, dice el ex vicepresidente de la República, Víctor Hugo Cárdenas.
Comparten esta visión el especialista en educación, Guillermo Mariaca, y el ex ministro de Educación, Félix Patzi.
“El modelo educativo que se mantiene es del 55, que es memorístico y trivial, pues el modelo intercultural no llegó nunca a posesionarse”, dice Mariaca. “La enseñanza que se imparte en los colegios trabaja, estructuralmente, con el Código de la educación del 55, principalmente en la educación secundaria”, interviene el ex ministro.
A decir de Cárdenas, el proceso de la Reforma Educativa no logró consolidarse porque fue “perdiendo fuerza conforme ingresaron nuevos Gobiernos, en consiguiente, lo que hoy se tiene es una enseñanza apoyada en la inercia de la Reforma”.
Otro punto a favor de la Reforma Educativa lo apunta Mariaca, que aclara que si bien ésta no se consolidó, logró la expansión de la matrícula...”
Quien en su papel de máxima autoridad de la educación en el país se muestra más conciliadora es Magdalena Cajías, titular del área, para quien cada reforma recogió algo de la anterior.
“La segunda reforma educativa se plasmó con el Código de la Educación de 1955, que por tener un carácter de visión nacional, definitivamente sigue perdurando en algunos aspectos... La Reforma Educativa de 1994, en cambio, empezó y sólo se la implementó durante 10 años. En ese tiempo cambió mucho la filosofía del 55”, dice.
Una visión algo más técnica de los dos primeros procesos la brinda la pedagoga Beatriz Pérez, del Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativa (Cebiae). Para ella, el Código de 1955 propone una escuela única y con esto un proceso educativo homogeneizante en castellano, lo que ofrecía al estudiante “pocas posibilidades para el fortalecimiento de una identidad cultural”. Con la Reforma Educativa se reconoce “al estudiante como un sujeto constructor de su propio aprendizaje, se pone énfasis no tanto en los procesos de enseñanza sino en los procesos de aprendizaje. Se trabaja un sujeto más crítico, propositivo”.
A quien corresponde presentar los objetivos del proyecto de ley Avelino Siñani y Elizardo Pérez es a Félix Patzi, su ideólogo e impulsor. “La ley busca igualdad de oportunidades, lo que llamamos descolonización, una educación que en secundaria ya no sea humanística sino productiva y, por último, que levante un aparato productivo basado en la empresa comunitaria”, afirma.
En palabras de la ministra Cajías, este proceso se denomina revolución educativa, y hacia ella se avanza con pasos serenos, pero apurados.
Al maestro le interesa más su salario
“El magisterio en los últimos años y quizás décadas tuvo conflictos con las distintas gestiones gubernamentales porque ha mantenido una posición demasiado gremialista y particularista”. Tal la visión que tiene del gremio la actual ministra de Educación, Magdalena Cajías.
No es la única que piensa de esta manera. Son varias las voces que coinciden en que el magisterio, muchas veces, da prioridad a las conquistas salariales a los avances en educación.
Así lo entiende el experto en educación Guillermo Mariaca, para quien los maestros aún siguen buscando sus intereses particulares. Una prueba de ello es que buscan que se apruebe un proyecto de ley que los hace inamovibles del cargo, así sean malos docentes.
“Tenemos un bachiller frustrado y que no está formado para encarar la educación superior”. Ministra Magdalena Cajías.