Los rehenes de las FARC envían cartas de amor y desesperación Un cautivo dice que la indiferencia de Colombia le duele más que las cadenas que lleva en el cuello. Muchos están enfermos, entre ellos, Ingrid Betancourt.
PRUEBAS DE VIDA • Claudia Rugeles muestra las fotos que recibió de su esposo Alan Jara, secuestrado desde 1998.
Desde la selva colombiana, la ex congresista Consuelo González de Perdomo —recién liberada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)— llevó a Bogotá los “mensajes de amor” que enviaron otros rehenes a sus seres queridos.
El contenido de estos mensajes, es decir, lo que relatan, bien puede ser descrito como descorazonador. Calor, humedad, alimañas y enfermedades derivadas de la mala alimentación, que se agravan con el paso de los meses, se suman a los horarios rígidos, los malos tratos y las llagas de las cadenas.
“Lo peor”, dice uno de ellos, el coronel Luis Mendieta (quien lleva unos nueve años en cautiverio), “no es el dolor físico, no son las cadenas que llevamos colgadas al cuello ni las permanentes enfermedades. Es la agonía mental causada por la irracionalidad de todo esto, el enojo que produce la perversidad del malo y la indiferencia del bueno”.
Sin nada que hacer más que compartir experiencias, jugar cartas o dominó, los días se vuelven interminables. Pero, señalan, la liberación de Clara Rojas y González de Perdomo les ha devuelto la esperanza en un acuerdo humanitario.
Me tocaba arrastrarme para el baño por el barro, únicamente con la ayuda de mis brazos porque no podía levantarme
Las cartas y las fotos que trajo consigo la ex congresista son “pruebas de vida” que envían apenas un puñado de los 44 rehenes de “alto perfil” en poder del grupo guerrillero, quienes tienen mayor posibilidad de volver a casa si se fragua un acuerdo con el Gobierno. Pero se estima que las FARC esconden en las profundidades de la selva a otros 700 secuestrados más.
Mendieta, casado y con dos hijos, lleva nueve años secuestrado. Sufre de un fuerte dolor en el pecho, además de una parálisis en las piernas que atribuye a mala irrigación sanguínea.
González de Perdomo regresó a Bogotá con un “mensaje de amor” para las familias de los rehenes. Su hija Jenny leyó su carta a la prensa con la voz entrecortada: “Me tocaba arrastrarme para el baño por el barro, únicamente con la ayuda de mis brazos porque no podía levantarme”.
El funcionario explica que muchas veces no tenía ni papel higiénico y que en plena convalecencia de su parálisis perdió sus pocas pertenencias, de manera que debieron prestarle hasta calzoncillos. Mendieta explica que también otros rehenes, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, resultaron afectados por las malas condiciones de vida: “A medida que pasaban los días y el viaje era inclemente, algunos fuimos enfermando. Así ocurrió con Ingrid, (Raimundo) Malagón, (Julián) Guevara y yo”.
Malagón y Guevara son oficiales del Ejército, el último falleció el 2006 en cautiverio, tras ser secuestrado en 1998.
También la familia del ex senador Jorge Eduardo Gechem, secuestrado el 2002, dio a conocer una “prueba de vida” que revela desesperación.
Gechem pide al Gobierno cubano que gestione su traslado a la isla para ser atendido por médicos, aunque sea como “prisionero de guerra”.
Su esposa Lucy leyó en público: “Al presidente Fidel Castro le suplico en su vida un gesto adicional, por humanidad. ¡Salva esta vida, comandante Castro!”.
En cambio, María del Carmen Rodríguez, madre del capitán William Donato, prefirió guardar el mensaje de su hijo en la intimidad de la familia, relató el diario colombiano El Tiempo. Pero dijo que le dolía verlo con “la cadena que tiene y un candado grande que lleva sobre el cuello”.
También recibieron cartas las familias de los ex diputados Gloria Polanco y Orlando Beltrán.
Aunque las cartas y las fotos que repartió González de Perdomo provocaron el llanto a muchos, también arrancaron alguna sonrisa. El hijo del ex gobernador del departamento del Meta, Alan Jara, disfrutó con uno de los comentarios que le hace su padre, secuestrado el 2001.
Las cartas y las fotos causaron el llanto a varios, que temen por sus seres queridos.
Jara cuenta a su familia cómo apostó el lavado de platos de tres días por la victoria del equipo de fútbol con que simpatiza su hijo, Nacional, poco después de que éste le pidiera por radio que “abandonase” a Millonarios.
La esposa del ex gobernador, Claudia Rugeles, dijo a los periodistas que había “olido” las cartas y unas manualidades recibidas. “A través de ellas como que me traslado y siento un poquito de él”, explicó. BBC Mundo