Sin proponerse resolver el problema boliviano, sino pensando en sí mismo, el Gobierno de Chile le lanzó a Bolivia algo así como un salvavidas. Le propuso que los productos que tenga disponibles para la exportación, los incluya entre los que ese país exporta.
La emigración de miles de bolivianos, en busca de trabajo y de mejores perspectivas de vida, ha sido y continúa siendo una de las mayores heridas abiertas en el corazón de los bolivianos. A muchos de los que estando en los aeropuertos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, al ver la diáspora que se producía, en unos casos de seres solitarios y en otros de familias enteras, se les saltaron las lágrimas.
Algo que sorprende y genera muchas interrogantes es que el éxodo se produce justamente ahora cuando el país está en un buen momento económico, con exportaciones que este año girarían en los 5.000 millones de dólares y reservas internacionales superiores a este monto. Incluso, el Gobierno incrementó el gasto —no se sabe si para bien o para mal— mucho más que en el pasado, de acuerdo con el Presupuesto General de la Nación. Habrá que recordar, como ejemplo, que en 1991 las exportaciones eran menores a los 1.000 millones y que, en cuanto a reservas internacionales, casi ni existían. El milagro de lo que hoy acontece es el gas natural.
A la vez, la minería está compitiendo en ingresos con este energético, la agricultura de Santa Cruz atraviesa por un buen momento, por los altos precios de la soya, y la industria manufacturera goza de un despertar promisorio.
Todo esto que sucede en Bolivia podría considerarse como providencial. Sin embargo, la economía mundial se encuentra tan acelerada que no se detiene a mirar atrás. Los mercados externos exigen cada vez más productos, sin atemorizarse mayormente por la subida de los precios. China e India, las grandes consumidoras de esta época trascendental, tienen todavía mucho por hacer. Sus gigantescas poblaciones, las mayores del mundo, serán insaciables por muchísimo tiempo más.
Bolivia, en estos momentos, está como colgada de un hilo, ante la posibilidad de que las preferencias arancelarias que concede Estados Unidos a algunos países andinos para la exportación de sus productos, entre los que se halla el nuestro, podrían expirar el próximo mes.
Esta eventualidad pone a los empresarios bolivianos poco menos que en la desesperación. O, por lo menos, les plantea un gran desafío: ¿qué hacer para colocar su producción, que, además, tiene la perspectiva de seguir subiendo?
Sin proponerse resolver el problema boliviano, sino pensando en sí mismo, el Gobierno de Chile le lanzó a Bolivia algo así como un salvavidas. Le propuso que los productos que tenga disponibles para la exportación, los incluya entre los suyos. La razón de ello es que Chile tiene firmados 50 acuerdos comerciales y que su producción, pese a tener un constante crecimiento, no es suficiente para cubrir los compromisos que contrajo, de modo que Bolivia puede aprovecharlos, o a la inversa, Chile sacar ventaja de esa situación.
A modo de confirmación, el vicepresidente de la Cámara de Exportadores de La Paz, Guillermo Pou Mont, dijo a La Razón que “hace varios meses, tanto Chile como Perú están interesados en llevarse a nuestros industriales, sobre todo paceños, porque sus manufacturas son de alto valor agregado”. Ante ello, las preguntas afloran. ¿Tendremos otro éxodo, esta vez empresarial? ¿Y en qué quedarán los trabajadores y sus familias?