La intimidad de la gente se destapa a través de la red La invasión a la vida privada de las personas y el robo de identidad para cometer fraudes se han puesto de moda en internet. La supuesta impunidad de estos delitos ha encendido una polémica.
El robo de identidad y la invasión a la intimidad de las personas son delitos que se han puesto de moda en la internet y que han encendido el debate sobre la supuesta impunidad que actualmente ofrecería la red a estas actividades.
La polémica ha tocado al Parlamento Europeo, donde la Comisión de Libertades debatió la protección de datos en internet. En EEUU, entretanto, las instituciones estatales están en alerta ante el uso fraudulento de datos personales fácilmente accesibles en sus sitios web. Las críticas subieron de tono con la difusión de un video que muestra al futbolista argentino Eber Banega masturbándose ante una webcam.
El caso de Banega se emparenta con el video que difundió la desesperada novia del actor estadounidense Colin Farrell —donde se lo ve manteniendo relaciones sexuales con otra mujer— o el de las poses eróticas que fueron captadas en la intimidad a la nadadora francesa Laure Manadou por su ex pareja.
Sin embargo, no es necesario ser una estrella para ser víctima de este delito. Miles de imágenes capturadas a bañistas anónimas en bikini o en topless con celulares se anidan en páginas web. Y en otras, como en www.videosrobados.es, se ofrece un variado catálogo de imágenes de anónimos practicando sexo, duchándose o cambiándose de ropa.
A la hora de buscar culpables, y debido a la naturaleza de la internet, encontrar a los culpables es una tarea por demás difícil.
´Los tribunales competentes son los del país donde se ha producido el daño y esos son los que tienen que actuar. Tienen que localizar con las tecnologías que tenemos ahora mismo, desde dónde se ha hecho´, explica Ofelia Tejerina, experta en Derecho y nuevas tecnologías y defensora del usuario en la Asociación de Internautas de España.
La parte virtual deja un rastro que sí se puede seguir, pero es en la vida física donde empiezan las dificultades de la investigación, señala la abogada, que añade que en la mayoría de los casos se acaba dando, ´mediante ingeniería social´, con un culpable en el entorno cercano del afectado.
En el caso de los famosos, ese entorno ´es muchísimo más amplio, pero no deja de ser posible localizar a los culpables´, que en muchos casos no son conscientes del nivel penal que puede alcanzar su actitud y no suelen llegar a la cárcel, dice Tejerina.
Los progresos técnicos facilitan la investigación, pero al mismo tiempo hacen cada vez más sofisticados los métodos para capturar imágenes. Los móviles son tan silenciosos que en India se ha desarrollado toda una tradición ´voyeur´ y en Corea, por ejemplo, se obligó el año 2004 a los fabricantes a crear teléfonos cuyas cámaras emitan un sonido de 65 decibelios —algunos más que una conversación humana— al tomar una fotografía.
El caso más sonado en España fue el de www.pillados.com, y lo que hace que esa web siga en internet es que en esas páginas cualquier marca física que identifique —no sólo la cara, sino también tatuajes o cicatrices— es borrada en el video y así no violan el derecho a la intimidad.
Existen también ´piratas´ a través de la webcam que conectan las cámaras de un ordenador desde un equipo distinto y pueden ver lo que alcance las mismas, como le sucedió a una joven que habitaba en la localidad estadounidense de Pierce County, a la que le tomaron imágenes desnuda gracias a este método. En su caso, el culpable fue un hombre con el que la joven compartió una conversación de chat; pero más llamativo fue el del italiano que, el 2007, llenó su casa de cámaras ocultas para filmar videos clandestinos de su mujer y colgarlos en una página web que tituló ´mia moglie´ (mi mujer).
Por otro lado, los robos de identidad en la red proliferan en EEUU. Según la Comisión Federal de Comercio de ese país, más de ocho millones de estadounidenses han sufrido el 2007 las consecuencias del uso fraudulento de sus datos personales, fácilmente accesibles en la red, informó The Washington Post.
Pero es el número de la Seguridad Social el más sencillo de localizar a través de archivos que se encuentran colgados en internet, tanto que encontrar el de personas como Colin Powell, ex Secretario de Estado de EEUU, es más sencillo de lo que parece.
El número, el principal medio de identificación requerido para operaciones como la apertura de cuentas de bancos, es considerado uno de los datos personales más sensitivos, por ello, objeto de celosas medidas de resguardo.
´Esto es muy peligroso´, manifestó Douglas Gansler, fiscal General de Maryland, a The Washington Post, después de descubrir que su número de Seguridad Social circulaba por la red, que es, según Gansler como el difundir al mundo ´tu huella dactilar´. Los números de Seguridad Social están disponibles en muchos Tribunales de Justicia e incluso en webs gubernamentales, donde se pueden descargar documentos públicos con tan sólo unos clicks, como consecuencia de la falta de uniformidad con respecto a los criterios de acceso a la información personal.
Además de las operaciones fraudulentas, los datos personales son utilizados por las empresas de publicidad en la red.
Una palabra en un motor de búsqueda, un pago online o una conversación en un chat son valiosas pistas para establecer un perfil del internauta con fines publicitarios. El 21 de enero, eurodiputados, organizaciones de consumidores y representantes de la industria informática de ambas orillas del Atlántico se reunieron en una audiencia pública en el Parlamento Europeo después del anuncio de compra de Double Click —empresa de servicios de publicidad— por parte de Google, una operación que genera reticencias por su posible impacto sobre el derecho a la privacidad de los usuarios.
Muchos de los servicios que se ofrecen en la red son gratuitos, a cambio de lo cual el usuario recibe publicidad y acepta que se realice un seguimiento de su navegación mediante las llamadas ´cookies´, pequeños programas que se instalan en el ordenador y graban información referente a los hábitos del internauta: qué páginas visita, qué palabras busca más, qué idioma utiliza... Cornelia Kutterer, de la Organización de Consumidores Europeos, cree que estos servicios causan la pérdida de privacidad. ´Los usuarios suelen pensar que internet es más privado de lo que es en realidad´, alerta. Con datos de EFE, El País y www.europarl.europa.edu
TESTIMONIO
¿Quién cuida al ciudadano común? María, nombre ficticio
Cuando recibí la primera llamada en mi teléfono celular, a las 16.00 de un día ordinario, pensé que era una broma. “Llamo por el anuncio”, me dijo una voz masculina y joven. “¿Qué anuncio?”, pregunté yo, pues no había publicado nada. “El de sexo telefónico”, contestó.
Colgué. En las siguientes dos horas recibí tres llamadas similares. A la cuarta pregunté al interlocutor dónde había visto el famoso anuncio. Me dio una página web local y un comentario: “Se equivocarían o alguien te jugó una mala broma”. En cuanto pude entré a la página en la que se ofertan desde autos hasta casas. En uno de sus ítems, figuraba “Relaciones personales” y allí me topé con anuncios de toda laya, desde los que “buscan amigos” hasta los que ofrecen servicios sexuales. Pronto di con el problema. “Paceña ofrece sexo telefónico”, decía y ponía el número de mi celular.
Inmediatamente escribí exigiendo que quiten mi número; sin embargo, tuve que repetir los emails, ya que el anuncio seguía y me lo recordaban a toda hora llamadas insidiosas, desde tímidas hasta groseras. Al quinto día desapareció el aviso, pero yo ya había cambiado de número celular. Sigo preocupada y pregunto: ¿Quién protege a los ciudadanos en estos casos?