Las fraternidades de San Simón y Enaf dan detalles de lo que se requiere para ser caporal. Tiempo, dinero y simpatía son algunos requisitos. El ritmo es muy importante.
Texto: Ingrid Rojas Peralta Fotos: Miguel Carrasco
Somos los más lindos”, se ufanan los Enaf. “Tenemos más energía”, reafirman los de San Simón. Cada fraterno destaca los atributos que tiene su grupo de caporales, danza folklórica presentada por primera vez en 1972 y que halla en Oruro la arena perfecta para la batalla de los cascabeles.
“Primero tuve que ser aguatero para bailar en San Simón”, cuenta Sergio Sáenz, de 32 años, que este 2008 cumple nueve carnavales de caporal. Él sabe que la destreza para la danza es importante, pero influyen también factores como el tiempo, el dinero y la simpatía para conformar una buena fraternidad que sea aclamada por los admiradores durante la Entrada de Oruro.
Por ello, cada grupo forma su propia personalidad y su sello característico. Ser un caporal de Enaf (Empresa Nacional de Fundiciones), por ejemplo, significa ser parte de un grupo donde “hay fraternidad, compañerismo y no hay luchas de poder, no hay luchas por puestos”, afirma Freddy Oporto, coordinador y uno de los fundadores del grupo.
En cambio, bailar en San Simón implica estar “en el mejor grupo. Además, hay mucha fuerza y mucha energía en los pasos”, según Ramiro Araníbar, uno de los coordinadores del bloque.
Enaf cuenta con 240 caporales mientras San Simón tiene 180 sólo en La Paz, aunque confiesan que este año se restringió el número de participantes porque así lo disponen las reglas del Carnaval. “Fuimos muy exigentes, hemos tenido que dar de baja alguna gente que no vino a los primeros cuatro ensayos”, cuenta José Luis Etiene —más conocido como “Pimienta”— coordinador y fundador de Enaf La Paz.
Espejito, espejito...
¿Hay que ser lindo o linda para bailar?. “Mmm... no”, tarda en llegar la respuesta de Carlos Herrera, uno de los coordinadores de San Simón. De igual manera Pimienta, previa carcajada, suelta: “Nosotros somos los más lindos… ¡mentira!”. Lo que queda claro es que para ser caporal la simpatía y el coqueterío son clave, pero más importante es agarrar el ritmo.
“Parece fácil, pero es complicado. Aquí los pasos son bastante difíciles, pero también eso le da la vistosidad al baile”, cuenta Gino Cabezas, integrante Enaf.
San Simón tiene 27 pasos para este año y de ellos depende el éxito de su baile, pues “los otros grupos bailan más lento o más estilizado”, presume Araníbar.
Mujeres de pantalones
La batalla no sólo es entre fraternidades... los puestos dentro de los bloques también tienen sus exigencias. “Bailar de figura requiere más energía porque es el bloque que jala a la tropa. En cambio bailar atrás, como lo hago yo, es menos responsabilidad, uno se divierte más, comparte más con el público”, asegura Sáenz.
Cada ubicación tiene su razón. Ahí están las machas caporales, chicas que bailan con traje y botas de hombre. Requisito indispensable es medir al menos 1,70 y aprender la coreografía propia. Enaf tiene varios parámetros para elegirlas, San Simón las invita.
“¡Beso, beso!”, gritan las espectadoras al paso de los bloques masculinos. En San Simón el grupo de figuras, los machos, se llama Los Uyustus. Su traje es diferente, derrochan energía y coordinan sus propios pasos.
Para ser un San Simón, la inversión es de 320 dólares. La inscripción cuesta 200, lo que cubrirá viajes, pago de pasajes, las bandas, gorras y poleras de la gestión. Para el traje se requieren 120 más.
En cambio, un caporal nuevo en Enaf paga 1.500 bolivianos al ingresar y 800 para el traje, con botas o zapatos. La antigüedad reduce el costo a 1.600 bolivianos.
¿Cuál es mejor? Difícil decirlo. El veredicto lo tendrá el espectador en el Carnaval. Ante él, los fraternos se lucirán con sus mejores armas: la danza y la simpatía.