Jorge Lazarte escribió en el periódico La Razón, en fecha 23 de enero de los corrientes, una crítica al modelo comunitario propuesto en la nueva Constituyente. Parte de una visión euro céntrica de la representación política al presentar a la democracia representativa como la mejor y la más brillante, de ahí que califica de premoderno a lo comunitario, típica visión antigua que presentaban a todas las formas de las sociedades indígenas como arcaicas, atrasadas, incivilizadas, etc. A partir de esta visión se desconoció el modus vivendi o la concepción del mundo de las sociedades indígenas. Seguir anclándose en la visión unilineal, no sólo está pasado de moda, sino que los propios liberales contemporáneos toman como filosofía al pluralismo, como base de la tolerancia.
Decir que la democracia “consensual” es una característica de las sociedades tradicionales simples, y que no es viable en sociedades complejas ya es un prejuicio cargado de pura ideología; es simplemente no tener un criterio abierto, por lo menos debíamos abrirnos a la duda de su posibilidad. Si somos consecuentes con la visión de la nueva Constituyente, buena parte de la población podrá elegir sus representantes nacionales, departamentales y municipales mediante mecanismos más directos y sin mediación de partidos políticos. Técnicamente esta posibilidad es totalmente viable, por ejemplo, supongamos la circunscripción 22, compuesta por las provincias Aroma, Loayza, y Villarroel, aunque esto esté sujeto a modificación por aumentarse a 121 circunscripciones. En primer lugar, tranquilamente un diputado puede ser elegido rotativamente entre las tres provincias una vez alcanzado un consenso, y cada provincia, cuando le toca el turno, optará por la mejor forma para la elección de su representante. Ahora, bajo la lógica comunal este representante tendrá que coordinar con las autoridades de cada cantón y comunidad de las tres provincias. La junta de autoridades tendrá que constituirse en una entidad deliberante para definir políticas sobre asuntos nacionales, y con seguridad estas autoridades traerán conclusiones de las reuniones o juntas de sus cantones o comunidades. El diputado, por lo tanto, será portavoz de estas opiniones y decisiones. Aquí ya no hablará ni decidirá el representante en nombre del pueblo, como ocurre en el tipo de representación liberal, ni se corromperá fácilmente debido al control colectivo que lo ejerce desde abajo. Este mismo sistema será aplicado para elegir los representantes departamentales y municipales. Evidentemente eso dará fin con la autonomización de los representantes y dará un salto cualitativo, desde una experiencia más local y simple, a una experiencia más compleja.
La democracia comunitaria en la Constitución no está planteada como hegemónica, por eso no hace desaparecer a la democracia representativa, más bien pretende que las prácticas y modus vivendi de las sociedades indígenas no sean condenadas para sí mismas y sean puestas como práctica nacional. En este sentido no se puede tildar que un sistema es mejor o peor que otro, ya que entrar en él sólo significa entrar en el terreno de la moralidad. Lo que se debe más bien es buscar modos de coexistencia entre diferentes modos de vida.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006-2007).
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