No crea lector que por el título me inclinaré por una de mis máximas aficiones: la literatura policial que es la que encuentro que mejor puede expresar el alma de los seres humanos. No, esta vez vamos a hablar de Mohamed Abou Treika, un joven jugador de fútbol campeón de clubes de África y gran goleador de la selección de Egipto. Lo llaman como el título de la columna porque después de cada tanto que convierte pone una cara de risa espectacular.
Pero esta vez fue más lejos: además de marcar el segundo tanto de su selección contra Sudán en las eliminatorias africanas, se levantó la camiseta y mostró una gran leyenda que decía “Piedad con Gaza”. Las autoridades del fútbol del continente negro lo han amonestado severamente recordándole cierto artículo de la FIFA que prohíbe las demostraciones políticas; pero creo que Mohamed cumplió como ser humano demostrando que antes que futbolistas somos hombres.
Lo de Gaza es tremendo. Una población similar a la de El Alto y La Paz que vive en medio del dolor y la falta de alimentos que ha tenido que romper la frontera con Egipto para poder comprar alimentos básicos. Ellos piden lo que todo conglomerado humano llamado nación quiere: un pedazo de tierra y la oportunidad de tener un trabajo.
El radical grupo Hamas usa a la Franja de Gaza en su pelea contra Al Fatah; pero viendo los rostros de los niños sin comida ni colegio digno ni esperanza, uno se pregunta hasta qué punto no se está cometiendo un crimen en nombre de los ideales. Lo propio se puede decir de una parte de la política de Israel. Ahí, en el Medio Oriente se pelea por egoísmo, como en tantas otras partes del mundo.
Pero volvamos al jugador motivo de esta columna. Mohamed ha declarado su compromiso en la lucha contra la pobreza y ha actuado en cuanto equipo ha hecho Naciones Unidas contra el racismo. Es el principal referente futbolístico del país de los faraones y de las pirámides construidas por millones de esclavos, pero sobre todo es un ser que muestra que no sólo sabe mover las piernas, sino también la cabeza.
En un mundo donde el fútbol es uno de los grandes negocios planetarios, uno se pregunta si pedir piedad es un gesto de política. Y qué decir de los millones de dólares que van en camisetas, anuncios, estadios y, claro está, transmisiones en la televisión.
En Bolivia, por ejemplo, he escuchado publicidad política tanto del Gobierno nacional como del departamental de Santa Cruz durante partidos de fútbol y nadie se ha rasgado las vestiduras.
¿Acaso no hacen política los dirigentes de la FIFA cuando vetan a países como Bolivia para la práctica del fútbol internacional? ¿Acaso no la hicieron cuando respaldaron la feroz dictadura argentina durante el mundial del 78? Por favor, el organismo mundial que rige el balompié mundial es tan político como el que más.
Después de leer la historia de Mohamed, el sonriente goleador, yo también esbocé una sonrisa. Es lindo saber que lejos o cerca, en el planeta, todavía hay personas que pueden rogar por un verbo tan significativo como el de piedad, cuando por lo general los futbolistas sólo saben decir: “El fútbol es así, cuando la pelota no quiere entrar, no entra”, “tenemos tres posibilidades: ganar, perder o empatar”, “estamos contentos con la victoria” y un largo y muy aburrido etcétera.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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