Un diálogo en espera Para inspirarse, los políticos que están enfrentados podrían tomar en cuenta que el país está perdiendo mucho tiempo, que las inversiones no llegan y que los demás países van tomando la delantera aprovechando las circunstancias ventajosas de estos días.
El largo feriado de Carnaval no ha disminuido la ansiedad con que la población del país espera los resultados del diálogo iniciado el 7 de enero entre el presidente Evo Morales Ayma y los nueve prefectos.
En estos días se escucharon diagnósticos pesimistas que dieron por muerto el diálogo, por el detalle de que el Gobierno siguió adelante con el proyecto del Bono Dignidad recurriendo a los recursos del IDH que pertenecían a las prefecturas. También se dijo que el diálogo estaba enterrado desde el momento en que el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, fijó la fecha del próximo 4 de mayo para el referéndum departamental que deberá aprobar el estatuto autonómico.
Pero el diálogo todavía respira, a juzgar por las señales que están dando representantes del Ejecutivo sobre la posibilidad de que se reabra el debate acerca de la Constitución. Además, el Gobierno no ha cerrado todavía el tema del IDH, pues queda la posibilidad de que revise el decreto y reduzca el aporte de las prefecturas. Es decir que, después del Carnaval se abrirán nuevas posibilidades para el diálogo y el entendimiento.
Sería sabio de parte de los actores políticos del país prestarse a esas nuevas posibilidades de entendimiento, pues de lo contrario se prevé un futuro clima de enfrentamiento.
El tema más fácil es el de los recursos del IDH, a pesar de que oculta una gran contradicción de criterios: los centralistas por un lado y los descentralizadores por el otro. Pero el Ejecutivo podría, aceptando las propuestas de los técnicos de las prefecturas, devolver algo de los recursos que "confiscó" para el pago del bono mencionado.
El otro tema quizá sea más complicado porque supone el consenso de muchos actores políticos, como son los asambleístas del MAS que deberían aceptar la posibilidad de que el texto que aprobaron en Sucre y Oruro de manera irregular sea modificado. Alguno de esos actores ya han dicho que no aceptan ningún cambio. Pero otros funcionarios del Gobierno han hecho saber que todo es posible y que quizá dentro de pocos días se hable de una reapertura del debate en la Asamblea Constituyente.
Los bandos encontrados deberían tomar en cuenta que la ciudadanía quiere, según lo han detectado las encuestas, que se pongan de acuerdo y que el texto de la Constitución sea producto de un acuerdo. El otro tema, el del IDH, tendría que ser resuelto mediante el uso de los recursos del TGN, dice expresamente una encuesta divulgada en los últimos días.
Para inspirarse, los políticos que están enfrentados podrían tomar en cuenta que el país está perdiendo mucho tiempo, que las inversiones no están llegando y que todos los demás países están tomando la delantera aprovechando las circunstancias ventajosas de estos días. Los desacuerdos de los bolivianos están ahuyentado no solamente las inversiones extranjeras: están desalentando también las inversiones internas, como se puede observar en las estadísticas.
En el diálogo del 7 de enero se habló de un pacto nacional. Quizá esa sea la mejor fórmula que lleve al país a un entendimiento capaz de crear las condiciones para el trabajo fecundo de sus ciudadanos, el progreso y la creación de empleos para los jóvenes que por el momento sólo piensan en irse.