Incomodidades del gas La situación de las ventas a Argentina y Brasil es muy delicada. Por cada volumen de gas natural que no se llegue a exportar habrá algún boliviano, niño o mayor, que sufra, pues de esos ingresos dependen los bonos que el Gobierno nacional ha creado.
Las gestiones que fue a hacer en Brasil el vicepresidente Álvaro García Linera, acompañado por dos ministros, han producido un resultado previsible: el país vecino no acepta recibir menores volúmenes de gas boliviano que los convenidos. Los reportes periodísticos dicen que, en vista de esa respuesta negativa, el Gobierno boliviano sólo puede esperar que sus pedidos sean escuchados en una reunión de los presidentes de Bolivia, Argentina y Brasil, que se realizará el 22 de este mes en Buenos Aires.
Lo que el Vicepresidente fue a pedir a Brasilia es que el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva renuncie a una parte del gas natural boliviano que recibe actualmente, a fin de que Bolivia pueda enviar un volumen mayor a Argentina.
La razón de este pedido es que Bolivia no produce el gas suficiente para cubrir los compromisos de venta a Brasil y Argentina al mismo tiempo. Para poder enviar más volúmenes a Argentina debe quitárselos a Brasil.
Muy incómoda situación ésta para el Ejecutivo y para la imagen internacional del país, que en pocos meses pasó de ser la promesa de seguro abastecimiento de gas natural para toda la región, a ser un país que no puede cumplir sus compromisos.
Brasil no ha aceptado el pedido boliviano porque en este momento vive una situación muy delicada en el equilibrio de la oferta y la demanda de energía, como consecuencia de la falta de lluvias en la región noreste de su territorio. Por lo tanto, debe confiar casi exclusivamente en la generación eléctrica de las plantas movidas a gas natural u otros combustibles.
Además, habrá que tomar en cuenta que Brasil pagó la sanción que figura en el contrato cuando no compró todo el gas que se había comprometido, como lo establece la cláusula "take or pay". Ahora sería difícil pedir a ese país que renuncie al derecho que tiene de exigir el cumplimiento de la cláusula contraria, por la cual si el país vendedor no entrega el volumen convenido, debe pagar el "deliver or pay".
Es tan incómoda la situación en que se encuentra Bolivia que ahora tendría que pagar aquella sanción también a Argentina, por estar incumpliendo ese otro contrato. El Gobierno argentino está dejando en suspenso la aplicación de la sanción desde septiembre, con el argumento de que necesita gas y no sanciones.
Es una muy buena circunstancia la que se presenta, por la cual los gobiernos de Argentina y Brasil pueden actuar con criterios de solidaridad con Bolivia, pero quizá no haya que basar la política exterior en este tipo de circunstancias.
El error que llevó a esta situación es no haber tomado previsiones. Si el país tenía compromisos de exportación, había que prever todos los detalles, comenzando por asegurar la producción suficiente. Y dejar como última opción, y sólo en caso de absoluta necesidad, el apelar a la solidaridad de los gobernantes de los países con los cuales Bolivia negocia.
Cumplir con los compromisos internacionales es importante ahora no solamente porque hay que cuidar el nombre del país, sino también porque los ingresos que genera la exportación de gas natural se han hecho imprescindibles, pues ya están comprometidos. Por cada volumen de gas natural que no se llegue a exportar habrá algún boliviano, niño o mayor, que sufra, pues de esos ingresos dependen los bonos que el Gobierno nacional ha creado.