Manejo de las emergencias La actual emergencia muestra mucha descoordinación. Se ofrece carpas a poblaciones donde no hay un solo lugar seco, se envía medicamentos para el resfrío cuando lo que se necesita son vacunas antirrábicas o sueros contra las picaduras de víboras.
Todos los años, por esta época, el país se entera, con increíble sorpresa, de los desastres que provocan los ríos fuera de cauce en la región amazónica, si no se dan también en otras regiones. La sorpresa con que las autoridades reaccionan ante estos hechos muestra su incapacidad de tomar previsiones, que en este caso no necesitaría otra ciencia que saber leer el almanaque.
Del mismo modo, las medidas que toman las autoridades para ayudar a los damnificados son siempre improvisadas, como si se tratara, todos los años, de la primera inundación. Todos los años se descubre que las aguas de la región occidental van hacia los ríos del oriente a través de ríos que, sin embargo, tienen nombres conocidos, y cursos conocidos.
Esta vez, el Gobierno ha decidido manejar directamente el problema, sobre todo la ayuda a los damnificados, lo que provocó la molestia de las autoridades regionales que se supone que están para eso. Si el país está dividido en nueve departamentos es porque se quiere facilitar que la acción del Estado llegue, a través de instrumentos más próximos, a cada lugar, dicen los prefectos. Lo cierto es que la decisión del Gobierno nacional vino a modificar los pocos hábitos existentes para la administración de los desastres. Las prefecturas han sido marginadas, igual que las alcaldías, del manejo de la ayuda.
Aparte de estos detalles, que son políticos, la actual emergencia muestra mucha descoordinación. Se ofrece carpas a poblaciones donde no hay un solo lugar seco, se envía medicamentos para el resfrío cuando lo que se necesita son vacunas antirrábicas o sueros contra las picaduras de víboras.
Y se ha dado el caso de que la distribución de ayuda extranjera ha debido demorarse porque había que esperar el discurso de alguna autoridad. La angustia de la gente fue postergada porque era necesario que esa autoridad ponga su sello.
En años anteriores se optó porque la ayuda fuera canalizada a través de los sistemas de distribución de la Iglesia Católica. Esta vez se ha preferido usar a las Fuerzas Armadas.
Por todo ello, una de las primeras decisiones que deberían tomar las autoridades para los casos de emergencia como el que vive el país, es que nadie, por ningún motivo, intente siquiera sacar provecho político de la situación.
En estos días ha surgido la idea de que exista un escuadrón de helicópteros para llegar hasta la gente en casos de inundaciones. Si se ha de crear un cuerpo especial destinado a tal fin, tendría que elaborar sus planes logísticos para cada caso.
La idea sería crear un comando especial a cargo de las emergencias. Nadie tendría que interferir en su trabajo, como si se tratara de la Corte Electoral, sin injerencias políticas.
En circunstancias de que los políticos no tuvieran la decencia de abstenerse de intentar sacar provecho a la desgracia de los demás, estaría esta institución para recordarles los principios, o directamente para impedirles el paso.
Si los temporales como los que se han vivido en el país se repiten con cierta regularidad, corresponde crear las instituciones que se ocupen de resolver los problemas sociales que generan. El Congreso nacional podría aportar con ideas para que el país muestre que en Bolivia también se pueden tomar previsiones.