Fidel Castro le dice adiós al poder Con su decisión, el líder histórico de la revolución socialista deja el camino despejado a su hermano Raúl para asumir definitivamente la Presidencia, sin que se descarte una sorpresa que podría darle el vicepresidente Carlos Lage.
El líder cubano • Castro en una foto tomada el 28 de octubre del 2005, cuando participó en la promoción de profesores en La Habana.
Fidel Castro anunció ayer su renuncia a la Presidencia de Cuba tras casi medio siglo en el poder, abriendo una era de cambios en la que el legendario dirigente comunista mantendrá la influencia de su liderazgo histórico.
“No aspiraré ni aceptaré el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”, afirmó Castro en una carta publicada en el diario oficial Granma, cinco días antes de que el Parlamento electo en enero lo postulara para la reelección.
En la nota, el líder cubano de 81 años no hizo mención de su cargo como primer secretario del Partido Comunista (PCC), lo que significa una amplia cuota de poder, por ser la fuerza gobernante y única legal en el país.
Último líder histórico del comunismo, Fidel dio el paso al costado tras casi 19 meses de convalecer de una enfermedad intestinal que lo llevó a ceder el mando provisional a su hermano Raúl, ministro de Defensa de 76 años, el 31 de julio del 2006.
Ahora deja el camino despejado a Raúl para asumir definitivamente la Presidencia, sin que se descarte una sorpresa —según analistas— en caso de que el vicepresidente Carlos Lage, de 56 años, asuma como cabeza del Estado instalando a la nueva generación en el poder.
“Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia”, otros algo más jóvenes como altos oficiales del Ejército, que “cuentan con autoridad y experiencia para garantizar el reemplazo”.
Además de otra “generación intermedia”, como la de Lage, que no participó en la guerrilla pero aprendió a “organizar y dirigir una revolución”, dijo, al sugerir el posible escenario que será definido el domingo.
En diciembre, escribió que no estaba aferrado al poder ni obstruía el paso de nuevas generaciones, pero en enero, electo diputado, quedó habilitado para la reelección presidencial, aunque reconoció estar incapacitado para salir en público.
“Traicionaría (...) mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo”, afirmó ayer.
La última vez visto en público fue el 26 de julio del 2006, tras lo que sólo ha aparecido en fotos y videos, y desde hace un año escribe sus artículos titulados Reflexiones del Comandante en Jefe, ahora más de 80.
“No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título Reflexiones del compañero Fidel.
Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso”, manifestó.
Castro advirtió a los cubanos que “el camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos”. “Prepararse siempre para la peor de las variantes”, aconsejó.
Tras la renuncia de Castro a la Presidencia, China y Venezuela, sus principales aliados económicos, ratificaron sus relaciones de amistad con la isla, mientras que de Brasil mostró su satisfacción porque ésta se haya producido “en un proceso muy tranquilo”.
Las autoridades mexicanas reafirmaron su voluntad de normalizar nexos con La Habana.
Impactados, los cubanos se reponen de la noticia. “¿Que Fidel renunció? ¡Imposible!”, exclamó el joven Dayron Clavellón.
Castro es el único líder al que conocen siete de cada diez cubanos, por lo que su enfermedad abrió enormes interrogantes sobre el futuro de la isla, ahora bajo la expectativa de cambios que prometió Raúl para enfrentar los graves problemas del país.
“A mí la política no me interesa, lo que quiero es que no haya escasez y acaben de llegar las medidas que anunció Raúl”, dijo René, un zapatero de 59 años.
En la isla, la oposición —ilegal— reaccionó entre la apatía y la esperanza, y en Miami, capital del exilio cubano, celebraban en las calles de la Pequeña Havana.
“Es la consolidación de Raúl (...) eso abre más expectativa de que se empiecen a hacer los cambios que tanto queremos”, manifestó el disidente Óscar Espinosa.
Según la oposición en Cuba y el exilio, las dificultades económicas y la falta de libertad marcan “el fracaso del régimen” y acusan al gobierno de Fidel Castro de hostigamiento, violación de las libertades, y de mantener a unos 240 presos políticos, cuatro de los cuales fueron liberados el fin de semana y salieron rumbo al exilio en Madrid.
Esa excarcelación, en vísperas de la llegada del número dos del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, fue considerada insuficiente por los disidentes. La Habana, AFP
“No aspiraré ni aceptaré el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”, escribió el lunes el líder cubano Fidel Castro.
Mensaje del Comandante en Jefe (publicado en el diario Granma)
Queridos compatriotas:
Les prometí el pasado viernes 15 de febrero que en la próxima reflexión abordaría un tema de interés para muchos compatriotas. La misma adquiere esta vez forma de mensaje.
Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidentes y Secretario.
Desempeñé el honroso cargo de Presidente a lo largo de muchos años. El 15 de febrero de 1976 se aprobó la Constitución Socialista por voto libre, directo y secreto de más del 95% de los ciudadanos con derecho a votar. La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año y eligió el Consejo de Estado y su Presidencia. Antes había ejercido el cargo de Primer Ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo.
Conociendo mi estado crítico de salud, muchos en el exterior pensaban que la renuncia provisional al cargo de Presidente del Consejo de Estado el 31 de julio de 2006, que dejé en manos del Primer Vicepresidente, Raúl Castro Ruz, era definitiva. El propio Raúl, quien adicionalmente ocupa el cargo de Ministro de las F.A.R. por méritos personales, y los demás compañeros de la dirección del Partido y el Estado, fueron renuentes a considerarme apartado de mis cargos a pesar de mi estado precario de salud.
Era incómoda mi posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo.
Más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente, la posibilidad de leer y meditar mucho, obligado por el reposo. Me acompañaban las fuerzas físicas suficientes para escribir largas horas, las que compartía con la rehabilitación y los programas pertinentes de recuperación. Un elemental sentido común me indicaba que esa actividad estaba a mi alcance. Por otro lado me preocupó siempre, al hablar de mi salud, evitar ilusiones que en el caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas a nuestro pueblo en medio de la batalla. Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente, era mi primera obligación después de tantos años de lucha. Nunca dejé de señalar que se trataba de una recuperación “no exenta de riesgos”.
Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer.
A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré —repito— no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.
En breves cartas dirigidas a Randy Alonso, Director del programa Mesa Redonda de la Televisión Nacional, que a solicitud mía fueron divulgadas, se incluían discretamente elementos de este mensaje que hoy escribo, y ni siquiera el destinatario de las misivas conocía mi propósito. Tenía confianza en Randy porque lo conocí bien cuando era estudiante universitario de Periodismo, y me reunía casi todas las semanas con los representantes principales de los estudiantes universitarios, de lo que ya era conocido como el interior del país, en la biblioteca de la amplia casa de Kohly, donde se albergaban. Hoy todo el país es una inmensa Universidad.
Párrafos seleccionados de la carta enviada a Randy el 17 de diciembre de 2007:
“Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana, que posee un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna, requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez. Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos.
“Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir.
“Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final”.
Carta del 8 de enero de 2008:
“...Soy decidido partidario del voto unido (un principio que preserva el mérito ignorado). Fue lo que nos permitió evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista, entre ellas el retrato de un candidato único, tan solitario como a la vez tan solidario con Cuba. Respeto mucho aquel primer intento de construir el socialismo, gracias al cual pudimos continuar el camino escogido”.
“Tenía muy presente que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, reiteraba en aquella carta.
Traicionaría por tanto mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo.
Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución. Algunos casi niños se incorporaron a los combatientes de las montañas y después, con su heroísmo y sus misiones internacionalistas, llenaron de gloria al país. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución.
El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo.
No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título “Reflexiones del compañero Fidel”. Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso.
Gracias Gracias
Fidel Castro Ruz 18 de febrero de 2008 5 y 30 p.m.