Hay que bajar la tensión La prudencia y la serenidad son cualidades que debe tener todo gobernante. Mucho más en el caso del presidente Morales, que asumió el mando después de una elección democrática que le reportó, de manera excepcional, casi el 54% de la votación.
Las últimas declaraciones efectuadas en el Chapare por el presidente de la República, Evo Morales, el fin de semana, han enrarecido el ambiente político nacional que, desde siempre, está agobiado de tensiones y pugnas. Los juicios sobre lo dicho por el Jefe de Estado han provocado reacciones negativas en la opinión pública, y los funcionarios del propio Gobierno y miembros del MAS se han dado modos para hacer algunas interpretaciones que no ensombrezcan la imagen del Primer Mandatario. El propio Presidente trató de enmendar lo que había manifestado, tarea muy difícil.
Los desmentidos o las aclaraciones pueden ser buenos en algunas circunstancias; pero no sirven de mucho cuando unas afirmaciones, como las que hizo el gobernante, son públicas y transmitidas directamente por los medios de comunicación. Cuando los ciudadanos oyen y ven al Jefe de Estado refiriéndose a la posible necesidad de recurrir a las armas para frenar la corriente autonomista que va ganando terreno en el país y que lidera el departamento de Santa Cruz, entonces aparecen los temores y las dudas como un ingrediente negativo dentro del difícil trance por el que atraviesa Bolivia.
La prudencia y la serenidad son cualidades que debe tener todo gobernante. Mucho más en el caso del presidente Morales, que asumió el mando después de una elección democrática que le reportó, de manera excepcional, casi el 54% de la votación. Un Jefe de Estado que llega al Gobierno con un respaldo de tal naturaleza, con una abrumadora mayoría parlamentaria —aunque ha perdido la hegemonía en Senadores—, debería sentirse lo bastante respaldado como para enfrentar cualquier contingencia sin necesidad de hacer la menor alusión a la violencia.
Y más aún en el caso del mandatario Morales que llegó a la presidencia luego de los luctuosos hechos de octubre del 2003 —y los breves gobiernos de Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez Veltzé—, cuando la violencia causó muchas víctimas provocadas por las Fuerzas Armadas ante un tumulto popular contra Sánchez de Lozada, que se convirtió en una verdadera insurgencia revolucionaria. Mencionar ahora que las bases masistas piden armas para defender al actual Ejecutivo y advertir que el Gobierno cuenta con el poder de los militares y policías para controlar a los departamentos autonomistas, es, simplemente, desafortunado, porque demuestra flaqueza y debilidad.
El Presidente de la República tiene como misión gobernar y dejar de lado el innecesario enfrentamiento político. En dos años de administración ya debería notarse la gestión efectuada. Ya es hora de que el gobernante y el MAS señalen cuáles han sido los cambios realizados —que los expliquen concretamente— y los que quedan por realizarse en los tres años de gobierno que quedan por delante. No puede olvidarse nadie que la masiva votación que recibió Evo Morales el 2005 fue por el cambio, por mejorar lo que los anteriores gobiernos democráticos no habían hecho bien.
Hay que dejar de lado de una vez el encono político y dedicarse con ahínco a que Bolivia aproveche un momento inmejorable del comercio exterior mundial para recuperar tanto tiempo perdido. Si el Mandatario menciona casi diariamente la necesidad de unidad entre todos los bolivianos, está en sus manos que esa unidad se haga realidad con la aplicación correcta de las leyes y el debate respetuoso de las ideas ajenas.