Aunque a veces duela tanto, canta José Celedón y con él Colombia entera, en estos días en que mucha gente en los medios y cafés se pronuncia sobre si saldrá a marchar el seis de marzo contra la violencia del paramilitarismo; o si, habiendo marchado el cuatro de febrero contra la violencia de la guerrilla le hizo el juego al gobierno del presidente Uribe, alineándose con la posición de que la violencia viene sólo de ese lado; o si no habiendo marchado en febrero, tampoco lo hará en marzo porque no está ninguno de los dos lados, o si, finalmente, marchó en febrero y también marchará en marzo para gritar que la violencia es mala, venga de donde venga, que no tiene ángeles y demonios, sino sólo demonios, y que éstos se ceban, como siempre, sobre la piel y el alma de los más débiles. Aquí traigo algunas de esas voces.
´En la marcha del cuatro de febrero, cuando unos ocho millones de colombianos en 140 países salimos a protestar contra los asesinatos, los collares-bomba, las pipetas, las minas, los secuestros, las cadenas y las bombas de las FARC se expresó nuestra dignidad de seres humanos. No se trata de comparar la violencia, porque no es lícito. Un crimen nunca puede justificar otro crimen, porque entonces ninguno sería un crimen —y habríamos renunciado a ser humanos—. Así es que desde el punto de vista moral, los ocho millones de colombianos que marchamos en febrero tenemos el deber de hacerlo en marzo´, (Hernando Gómez Buendía, académico, presidió el informe Un Callejón con Salida).
´El seis de marzo saldré a marchar como lo hice el cuatro de febrero: en contra de todas las formas de violencia que azotan a este país —no sólo en contra del paramilitarismo— y honraré la memoria de todas las víctimas de este conflicto, provengan de donde provengan. Es probable que eso no sea políticamente correcto en esta Colombia que cree a pie juntillas que las únicas marchas que valen la pena son las que refuerzan la tesis gubernamental de que Colombia no vive un conflicto, sino una amenaza militar, que son las FARC, y que una marcha en contra del paramilitarismo es una estupidez porque ya no existe (aunque) siga vivo´, (María Jimena Duzán, columnista del periódico El Tiempo).
´Todo lleva a pensar que el seis de marzo desfilarán los mamertos de siempre, los sindicalistas que obedecen a sus consignas, los más recalcitrantes opositores del Gobierno, uno que otro idiota útil, uno que otro despistado…´, (Plinio Apuleyo Mendoza, escritor y columnista de El Tiempo).
´Siempre he pensado que, a diferencia de lo que sostiene el Gobierno colombiano, lo que hay en Colombia es un conflicto armado que tiene que ser resuelto por la vía de una negociación política, sin borrar por ello los numerosos crímenes que han cometido y siguen cometiendo los guerrilleros. Desde hace muchas décadas la exclusión, la falta de oportunidades, un régimen de privilegios para unos sectores y de desprotección para muchos, favorecieron que en Colombia se apelara a la violencia para dirimir los conflictos de todo tipo. El propio Presidente ha admitido que una de las causas de la existencia de las guerrillas fue la irresponsabilidad del Estado. (Willan Ospina, escritor y poeta colombiano).
Colombia y su dolor tendrían que estar tan cerca de nosotros como su aroma de café, el ritmo de la cumbia, los imaginarios con que nos retrata, sin saberlo, el Gabo y las historias contadas en son de vallenato. Por eso y por mucho más, marchemos con Colombia en contra de toda violencia.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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