Para EEUU, la ampliación del ATPDEA significa ´un puente´ para asegurar la negociación del TLC con Colombia y poner en marcha el TLC con Perú. Bolivia ha reiterado que no ingresará, pero urge una fórmula para no perder el mercado más importante del mundo.
Pese a que Bolivia no negoció en la forma que era necesaria para beneficiarse con la ampliación del programa de preferencias arancelarias andinas (ATPDEA), sabía la Cancillería nacional que iba a ser poco menos que imposible que la extensión de las preferencias se la diera EEUU a Colombia y Perú, excluyendo a Ecuador y a nuestro país. Por esas circunstancias, ajenas a una eficiente gestión diplomática, es que el miércoles pasado, Bolivia ha alcanzado, finalmente, el beneficio que significará el ATPDEA.
La Cámara de Representantes del Congreso norteamericano extendió por 10 meses las preferencias arancelarias a las cuatro naciones sudamericanas y se da por descontado que el Senado no se opondrá, pese a que —según la agencia EFE— el republicano más importante en el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, Jim McCrery, advirtió que los gobiernos de Ecuador y Bolivia ´no deben dar por sentado´ el acceso de sus productos al mercado estadounidense, lo que no parece coincidir con la adoptada decisión favorable.
Para Bolivia —en especial para la ciudad de El Alto— era absolutamente necesaria esta ampliación, ya que, de lo contrario, su comercio con la Unión, en particular el manufacturero, hubiese entrado en una crisis muy grande por falta de mercados y, tal vez, se habría visto en la necesidad —ya anunciada por algunos sectores— de trasladar sus fábricas y talleres fuera del país, buscando las ventajas en naciones asociadas comercialmente a EEUU, ya fuera por el ATPDEA o por tratados de libre comercio (TLC). Eso hubiera significado un crecimiento del desempleo en áreas de mayor sensibilidad y en uno de los momentos de mayores dificultades por las que atraviesa Bolivia.
Empero, los ataques del Presidente de la República hacia EEUU no han cesado y, peor, se han incrementado, a raíz del exagerado escándalo sobre el denunciado espionaje norteamericano en Bolivia. Esto había creado malestar, pero, al fin y al cabo, se produjo una explicación satisfactoria sobre el tema del embajador Goldberg al Canciller. Cuando todo parecía allanado para favorecernos con el ATPDEA, nos encontramos con que el canciller Choquehuanca expresaba que Bolivia no aceptaría condicionamientos de EEUU para recibir esa preferencia arancelaria. Que la soberanía nacional estaba por sobre todo, y que no se tolerarían intromisiones externas en nuestra política internacional, como era la aproximación a Irán y la posibilidad de que Irán instale un canal de televisión en territorio boliviano que emitiría su señal para América del Sur.
En esas condiciones, no cabía duda de que demostrábamos una actitud bastante cuestionable, que nos haría perder ingresos y empleo. Caeríamos, nuevamente, en darle mayor importancia a la política que al intercambio comercial, con lo que se hubiera corrido el riesgo de liquidar una industria próspera.
Para EEUU la ampliación del ATPDEA significa ´un puente´ —siempre según EFE— para asegurar la avanzada negociación del TLC con Colombia y poner en marcha el TLC con Perú. Bolivia ha reiterado que jamás ingresará a un TLC con EEUU, pero sería necesario que, esta vez, la Cancillería busque alguna otra fórmula para que no perdamos el mercado de la economía más importante del mundo.