Algo muy extraño está pasando. La gente se amanece formando filas y, consultada por los medios de comunicación, llega a decir que Dios es grande y por tanto le darán su cuota de arroz barato.
De pronto, los paceños nos hemos convertido en consumidores de arroz día, tarde y noche. Como los chinos o más.
Es comprensible que, cuando falta pan o azúcar, surja la desesperación por lograr el producto que sí es esencial para la dieta diaria de los bolivianos. Pero arroz. ¿Acaso no hay fideos? ¿O cualquier otro ingrediente para hacer de la comida algo grato, fortificante, variado, etc., etc.?
Tanta desesperación por el grano es sospechosa. Hay gente que busca comprar el quintal entero. Y se pelea con los otros comedores de arroz.
Ya lo hemos dicho desde estas páginas: el Gobierno bien podría aprovechar para promocionar productos sanos como la quinua.