Un homenaje de aniversario a los alteños, al estilo Escape Más de 4.000 alteños han decidido recorrer este año los caminos de éxito que muestra esta lanzadera cultural.
Tres años pasó Juan José Choque mirando por los ventanales, tres años contemplando cómo los alumnos de la Escuela Municipal de las Artes aprendían a tocar —a un ritmo de 12 horas semanales— la trompeta, el clarinete, el corno francés y la zampoña, entre otros. Este treintañero era empleado municipal. Su cometido: Vigilar y entregar los instrumentos. ´No sabía nada de música clásica. Al principio, el 2001, sólo miraba porque recién había entrado a trabajar. Estuve así hasta que se quemó todo´.
Sucedió el 2003. En esas estaba Juan José, curioseando día sí y día también el progresar de los pequeños aprendices de músicos, cuando la Alcaldía de El Alto ardió en llamas. ´Perdimos la mitad de los instrumentos, pero lo que quedó nos dio pie para seguir adelante´. Aquella quema fue sólo el principio de una historia, la de Juan José Choque, quien, de no imaginarse aprender a leer una partitura, acabaría como nunca soñó.
Todo empezó la jornada en la que alumnos y maestros marcharon a disfrutar de sus días festivos. Solo, Juan José agarró el contrabajo ´por broma´. A aquel primer gesto de curiosidad, de atrevimiento, le acompañarían otros muchos. ´El bajo es similar a la guitarra y tenía alguna noción. Había visto cómo los chicos colocaban sus manos. Empecé a marcar con papeles el contrabajo. El primer día sonó muy mal´, recuerda, para confesar luego que, de tanto observar, llegó a tener buena memoria y mejor oído.
El dedo meñique en la segunda cuerda, el anular presionando suave la anterior, el pulgar tenso pero relajado… Las tersas manos de Juan José fueron adaptándose como pez al agua a esta nueva forma de expresión musical. Hasta que un día, cuando se presumía solo en la Escuela, se atrevió con la obra ´Air´ (Aire), del maestro Bach. En música, pronunciar Juan Sebastian Bach son palabras mayores, pero quizá por desconocimiento, por atrevimiento, por ensoñación, o por una mezcla de todo, salpicado con el luchador carácter alteño, Juan José no se amedrentó.
Se metió al aula donde tantas veces escuchó tocar, desde cuyos ventanales tantas veces había mirado primero y admirado después. Esta vez, era Juan José quien estaba dentro. Afuera, en los pasillos, no había ni un alma.
O eso pensaba. Porque resultó que, ese día, el empleado municipal tenía un espectador de excepción: El director de la orquesta, el maestro Freddy Céspedes. ´Saqué la obra de Bach a mi manera, pero el director me vio y ya. Como no hay muchos contrabajistas, me metió en la orquesta sin proceso de aprendizaje´, cuenta orgulloso. Desde entonces, ha compaginado clases musicales con actuaciones.
Hoy, la orquesta está sobre los 80 miembros, con tres contrabajos y, entre ellos, con la cabeza erguida, el alteño Juan José Choque, el encargado de los instrumentos que no sabía leer partituras. ´La música me ha abierto muchos caminos. El año pasado fui a Estados Unidos y en Bolivia sólo me faltan por conocer Beni y Tarija. Todo gracias a la orquesta´.
La historia de una revolución
En la vida de la Escuela Municipal de las Artes hay no pocas historias como la de Choque. No todas con aroma a pentagrama. Corría el año 2001 cuando, gracias a la iniciativa de la pianista Luz Bolivia Sánchez, cobró sentido la idea de educar artísticamente y de forma altruista a los jóvenes alteños. ´El Alto era considerado un lugar muy conflictivo, donde los muchachos no se dedicaban a otra cosa que a la droga y el alcohol. Se quiso darles alternativas artísticas´, apunta la responsable de la Escuela, Cinthya Nogales Ávila.
Nogales recuerda cómo aquellos pioneros, entre ellos Freddy Céspedes, ´fueron a todas las zonas y distritos. Pasaron por escuelas y colegios. Tocaron puerta por puerta. Incluso por casas particulares´. Cerca de un centenar de alumnos se sumó a la iniciativa ese primer año. El excelente interés mostrado amplió el campo de acción, incluyendo disciplinas como las artes escénicas y plásticas, así como la danza. Más tarde, se sumaría la escuela de cine.
Entre los seducidos por la oportunidad figura Arón Córdova Pinto, de 23 años. De algún modo, la Escuela se creó para estudiantes como él. ´Mi relación con la pintura empieza desde muy pequeño. De hecho, guardo mi primer dibujo de los tres años: Es mi oso verde´.
Pocos pueden imaginar hasta qué punto corren los colores, las formas y las tonalidades por las venas de Arón Córdova: ´En la Escuela paso clases de dos a nueve de la noche. Siete horas cada jornada, sin contar las que hago en mi casa. Hay días en los que empiezo en la tarde y me quedo hasta que sale el sol. Pasa muy rápido´.
Junto a su cuadro —amalgama al óleo de culturas en una representación de un dios único gracias a los símbolos unificados de la wiphala, la flor de loto o la cruz egipcia— Arón da una clave que parece ser la tónica general del alma de esta Escuela dedicada al alma: ´El arte es un medio para evolucionar. Una forma de expresarme. Una ventana que te abre todos los espacios. Comprendes mejor lo que ocurre fuera´.
Las complicaciones
Pero llegar hasta aquí no ha sido sencillo. Menos dar el primer paso. José Merlo Suxo (21) no ha olvidado cómo, hace dos años, sus amigos le dijeron ´que hiciera otra cosa, que estudiara medicina o arquitectura. Porque el arte es un hobby y no algo profesional. Pero me gustaba esto´. Alto y claro, el alteño José Merlo, estudiante de artes plásticas, decidió seguir los dictados de su corazón. ´Es mi sueño, lo que yo quiero ser. Un gran artista. Que sepan de mi trabajo acá´.
De dificultades también sabe, y harto, la maestra Mónica Camacho Canedo, responsable del área de ballet clásico. ´Cuando vinimos no había nada. Parecía improbable que se pudiera crear una escuela de clásico. Pero los jóvenes ponen mucha energía y se entregan. Se les puede exigir, cosa que no sucede a veces en academias particulares, que lo ven más como una obligación de la mamá y no se quieren esforzar´.
Con 13 aulas, con cerca de 4.000 matriculados esta temporada, con clases de lunes a viernes, con el 95 por ciento de los inscritos de procedencia alteña, con 16 docentes por área, la Escuela Municipal de Artes es ´una forma de que los chicos expresen lo que sienten y quieren; además de un estilo de vida, porque a partir de junio esperamos poder ofrecerles un certificado de nivel técnico superior que avale la formación artística adquirida´, adelanta Cinthya Nogales. Lejos de las frías cifras, ésa es la buena nueva que tienen preparada los responsables para esta edición. Habrá que esperar a junio.
Los más beneficiados serán alteños como Delia Guarachi Paucara, alteña de 24 años. ´Estar aquí es una gran oportunidad para mí. Es hermoso´, se alegra.
La historia de la Escuela Municipal de Artes de El Alto es empinada y dura, pero engarzada de caminos de éxito. Rutas que estaban ahí, pero nadie se atrevió a descubrir. Hasta que llegaron Juan José Choque, Arón Córdova, José Merlo, Delia Guarachi y tantos otros. Hasta que unos soñadores jóvenes decidieron (y lo siguen haciendo cada año) que, por qué no, el arte también podía tener sabor alteño. ´Sigo siendo empleado pero ahora, sobre todo, soy artista de la Orquesta Sinfónica´, dice Choque. ¿Se han fijado? ´Artista´.