Lo que corresponde hacer ahora es adoptar políticas que alienten la producción. Prohibir exportaciones o liberar importaciones parece más una medida política que económica. Concentrar todos los esfuerzos en la deman-da es un error que podría empeorar las cosas.
Los precios de los alimentos, que el año pasado habían crecido a una tasa de 11,73%, según el INE, han ganado impulso en estas primeras semanas del 2008 y amenazan con producir niveles inflacionarios mucho mayores.
Una larga lista de causas está detrás de esta situación que afecta a todos los bolivianos, incluso más que la política y sus constantes sobresaltos. Hay que descartar la idea de culpar del encarecimiento del precio de los cereales a la corriente internacional de producción de biocombustibles. El año pasado, sólo 1,25% de la tierra cultivable del mundo se dedicó a producir granos con ese destino.
La revista británica The Economist ha dicho que, según sus propios archivos, los precios de los alimentos en el mundo entero están ahora en su punto más alto de los últimos 150 años.
Los expertos afirman que los precios aumentan porque hay mayor demanda. Y el Gobierno chino informó, a propósito, que debido a las reformas de su política económica en los últimos 30 años, alrededor de 200 millones de sus ciudadanos salieron de la pobreza.
En Bolivia la situación responde a un mayor consumo, provocado por los ingresos de las personas, combinado con una crisis en la producción de los alimentos. La capacidad de consumo de los bolivianos ha aumentado debido a factores como el narcotráfico, las remesas, las donaciones venezolanas y los mayores ingresos por las exportaciones de gas.
Del lado de la oferta, sin embargo, se presenta el caso del temor de los productores a seguir invirtiendo en una actividad que podría ser afectada por las medidas sobre la propiedad de la tierra que anuncia el Gobierno nacional. Y también ocurre que las actividades vinculadas con el cultivo, cosecha, transformación y comercio de la coca ha quitado tierras y mano de obra a las otras actividades agrícolas del país.
Se sabe de empresarios cafeteros que tuvieron que dejar sus plantaciones sin cosechar porque no podían competir con los niveles que ofrecen los cocaleros como jornal a sus cosechadores. El impacto de la coca también se presenta en el uso de la tierra. Miles de campesinos que cultivaban otras cosas han optado en los últimos dos años por afiliarse al sector cocalero.
Cifras difundidas en estos días dicen que en los dos últimos años el área cultivada con coca aumentó en el país en 25%.
Además de la coca, influyen en el precio de los alimentos el mal estado de las carreteras y los desastres naturales que todavía tienen anegadas extensas áreas de los departamentos de Beni y Pando. Por todas esas razones, la producción ha caído y debe vérselas con una demanda que ha crecido. El resultado, que es la inflación, era ineludible.
El Gobierno nacional ha respondido a esta situación con medidas descoordinadas que, lamentablemente, apuntan solamente al sector de la comercialización. No ha tomado iniciativas para alentar la producción. Usar la fuerza contra los comercializadores es una medida que jamás ha dado resultado en ninguna sociedad del mundo, en toda la historia de la humanidad.
Lo que corresponde hacer ahora, según dicen los expertos, es adoptar políticas que alienten la producción. Prohibir exportaciones o liberar importaciones parece más una medida política que económica. Concentrar todos los esfuerzos en el sector de la demanda y no de la oferta es un error que podría empeorar las cosas.