Las insuficiencias y los males de la CNS Sorprende que las autoridades de la Caja no contraten más especialistas y, además, con horarios completos. No es racional que un médico trabaje sólo tres horas diarias y que deba atender hasta siete mil pacientes: la saturación no puede ser saludable.
Los servicios de la Caja Nacional de Salud (CNS) han llegado a un grado tal de carencias e insuficiencias que no pueden ya atender, con la oportunidad y el esmero que requieren, los cientos de pacientes que afluyen a sus instalaciones. En concepto de sus propias autoridades, no tienen la capacidad de responder a la demanda de atención médica que confrontan, porque simple y llanamente, desde hace mucho tiempo, se encuentran colmadas de enfermos.
La situación se torna más dramática cuando se trata de recibir la atención de un médico especialista, a cuyos cuidados los pacientes son transferidos por los médicos familiares. De acuerdo con una investigación efectuada por La Razón, muchos de ellos se quejan de que tienen que esperar dos meses o más para ser recibidos por tales especialistas.
El caso de una enferma que fue entrevistada, al encontrarla en pleno llanto, es muy ilustrativo. A pesar de tener en sus manos la ficha que se le extendió para ser recibida en consulta, se encontró con que su nombre no estaba en la lista de pacientes que debían ser tratados luego de larga espera. “Va a tener que reprogramar su cita”, le dijo la enfermera que la atiende. Esto probablemente significa que tendrá que esperar otros dos meses para conseguir una cita que es urgente para su salud.
Aunque todo el esquema hospitalario de la CNS está caracterizado por múltiples penalidades que tienen que sobrellevar los pacientes, sin duda la atención que se necesita contar de los especialistas (otorrinolaringólogos, cardiólogos, dermatólogos, entre varios otros) parece ser la más saturada. Esto, porque buena parte de los casos del seguro social requieren de tratamientos específicos y, por tanto, los médicos existentes difícilmente logran satisfacer la demanda.
Al margen de todo ello se presentan también contingencias circunstanciales, como es el que relata una señora que se hallaba en la sala de espera de medicina familiar, en la Policlínica 9 de Abril. “Mi doctora —dijo, entre sollozos— me transfirió al otorrino, porque sufro de un dolor de garganta. Hace dos meses que intento que me revise, pero no lo conseguí hasta ahora. La enfermera me informó que no había espacio, pero resulta que había sido el único otorrino y que éste salió de vacaciones”.
Buena parte de los asegurados a la CNS requieren de los médicos especialistas, pero ocurre que varios de ellos tienen contratos de trabajo que estipulan solamente tres horas de trabajo diario. Sorprende que las autoridades de la Caja no contraten más especialistas y, además, con horarios completos. No es racional que un solo médico tenga que atender hasta siete mil pacientes: la saturación no puede ser saludable.
Una observación que siempre se le hizo a la CNS es que debería construir más hospitales, de especialidades y policlínicas, para hacer frente a los requerimientos que confronta en esta materia. Al respecto, La Razón recogió buenas noticias. Este año se contará con dos nuevas policlínicas en El Alto, aparte de que se construirá un Hospital Obrero con 200 camas y una policlínica de especialidades en La Paz.
En lo humano, la CNS tiene el problema del mal genio de la mayoría de los médicos y del mal trato que, por lo general, dispensan las enfermeras a los pacientes. Esto debe cambiar ya.