Mucha tinta ya se ha invertido en analizar el tema de los indicios de inflación y del tema de “revalorización del peso boliviano” frente al dólar. Sobre este particular conviene recordar el análisis efectuado por Rolando Jordán Pozo (Siglo XX: la Era del Estaño, en Bolivia en el Siglo XX - Harvard Club, 1999), en relación al comportamiento de la economía influenciada por la mejora en la minería por los precios internacionales favorables. El nos dice: “La contribución de la minería a la economía nacional subió en impuestos directos y se reforzó con el aporte en divisas baratas, expandiendo el consumo de bienes importados y generando aranceles para el Estado. Por otra parte, la sobrevaluación de la moneda boliviana, como resultado de la gran afluencia y abundancia de divisas, redujo el impacto de la minería sobre el mercado regional e interno. La provisión de alimentos vestidos e insumos de origen nacional, que permitían ciertos impactos sobre la agricultura e industria, se minimizó por la competencia de bienes importados a menor precio y mejor calidad. De 1923 a 1927 la moneda boliviana se apreció en 12%, contra la libra esterlina y en 17 %, contra el dólar”. ¿No es una copia fotostática de lo que se vive en la actualidad?.
En este momento, el país vive dos tremendos contrastes. El primero, un país con abundante gas, pero cuya producción se ha estancado, por la política de agresiones a los inversionistas, la respuesta: inversiones congeladas, incumplimiento de contrato con la Argentina, limitaciones de gas para el consumo interno. En ello, Brasil nos ha dado la gran lección, una vez se repite la regla de oro en las relaciones internacionales, primero, son los intereses propios y la “amistad” queda para la foto. Dos respuestas del vecino coloso: Uno, volveremos a invertir pero exclusivamente para abastecer nuestras necesidades, Dos, a la Argentina le podemos vender electricidad, pero no se desviará ni una molécula de gas del que corresponde a nuestro contrato. Vender valor agregado y la caridad empieza por casa.
El segundo contraste, a los daños sufridos por el Niño durante el 2007, más de 70.000 familias afectadas, pérdida de miles de cabezas de ganado con una pérdida estimada en unos 120 millones de dólares, se suman los gigantescos daños causados por la “Niña”, esta vez más de 60.000 familias afectadas en la parte amazónica del país: Santa Cruz, Beni y Pando algunos otros miles en el norte de La Paz y el altiplano.
La respuesta del gobierno insensibilidad total. En reunión con los Prefectos involucrados, la respuesta es: se forma una comisión que estudiará el problema durante 30 días, se demora la declaración de zonas de desastre. ¿Cálculo político? ¿venganza contra la media luna? Esos miles de afectados, ¿no son bolivianos? Allí también hay pueblos indígenas.
Aunque tardíamente, se aprueban US$ 600 millones para la atención de desastres. Uno de los componentes: la fórmula de los últimos 80 años, se importarán alimentos por US$ 40 millones, para ser distribuidos directamente por el aparato público, en colas que ya empiezan a formarse por el arroz, para recibir la “benevolencia” estatal. Definitivamente No aprendemos.