Una apelación a la racionalidad En medio de una fuerte tensión nacional, surgen nuevas confrontaciones con motivo de la convocatoria a referendos constitucionales y a consultas para estatutos autonómicos. En este punto, el panorama se ha tornado tanto o más crítico que nunca.
La degradación a la que ha llegado la intolerancia entre los bolivianos hace temer por que una demanda para volver a la racionalidad caiga lisa y llanamente en el vacío. Sin embargo, debido a las difíciles circunstancias por las que atraviesa el país, es un imperativo hacerlo.
En la historia reciente de Bolivia, la generalizada apuesta por dos eventos cruciales para el futuro nacional ha dado como resultado el desencuentro, la confrontación.
Primero, a pesar de que todos parecían coincidir en que de la Asamblea Constituyente emergería un nuevo país, con un renovado pacto social y espíritus dispuestos a lidiar, de forma conjunta, contra el atraso y la pobreza, el intento resultó fallido.
Más todavía, se acrecentaron las divergencias y a la postre, en condiciones irregulares, se aprobaron textos de proyectos de Constitución Política del Estado imposibles de consensuar posiciones tanto políticas como prácticas.
Por estos días, en medio de una fuerte tensión nacional, surgen nuevas confrontaciones con motivo de la convocatoria a referendos constitucionales y a consultas para estatutos autonómicos en diferentes regiones del país. El panorama se ha tornado tanto o más crítico que nunca.
La Corte Nacional Electoral (CNE), por un lado, exige convocatorias con apego a la ley y tiempo suficiente para la realización de estos procesos referendarios. Por el otro, al menos tres cortes departamentales desconocen la decisión adoptada por su órgano matriz en la reunión que los vocales nacionales y regionales mantuvieron la semana pasada en Cochabamba.
En medio de esta controversia interna, la CNE, en consonancia con el Gobierno —pese a que éste aún no se ha pronunciado de manera oficial—, aparece con una firme postura legalista de no aceptar que las cortes departamentales administren los referendos sin su consentimiento. De su lado, las regiones de la denominada media luna, resueltas a seguir adelante con su cometido aunque pasen por alto la ley, ejercen una fuerte presión sobre sus respectivas cortes electorales.
El Ejecutivo y la oposición tampoco se ponen de acuerdo en nada, pero sí colocan sobre el azadón todas sus armas. Mientras la población aguarda el pronunciamiento del Ejecutivo, parlamentarios del MAS han salido en defensa del accionar de la CNE, en tanto que el opositor Podemos ha solicitado la renuncia del presidente del organismo electoral, José Luis Exeni, a quien vincula con el oficialismo.
Como si esto no fuera poco, se ventilan sospechas de depuraciones ilegales en el Padrón Electoral, con la participación incluso de extranjeros. Con ello, lo que se querría decir es que el Gobierno, a través de una presunta manipulación de la Corte Nacional Electoral, se propondría incurrir en fraudes electorales en los referendos proyectados para este año.
De todo esto se desprende que el país se encuentra envuelto en una sumatoria de problemas de extrema magnitud, lo que no es tranquilizante para nadie.
De allí la apelación inicial a la armonía nacional, el pedido de sensatez y el clamor de que en Bolivia prevalezca la paz, sin subterfugios ni actos espurios o engañosos.