Crítico panorama energético regional Los países de la región han puesto al gas natural boliviano en una lista negra, por lo menos mientras se mantenga la incertidumbre que domina la política nacional. Y eso se refleja también en el nivel de inversiones del sector petrolero.
Los países del Cono Sur de Sudamérica están enfrentando una situación de crisis energética similar a la que se presenta en otras regiones del mundo. Argentina y Brasil, los mayores consumidores de energía de esta región, han comenzado a hablar de proyectos conjuntos, mientras las otras naciones esperan soluciones conjuntas.
En este panorama, las reservas de gas natural que tiene Bolivia han jugado un rol muy activo en el curso de los últimos diez años. Los descubrimientos de los yacimientos de la cordillera del Aguaragüe hicieron surgir en los países vecinos la certeza de que Bolivia podía ser el seguro proveedor, por lo menos, de gas natural. Pero los acontecimientos políticos que se desencadenaron con la llegada del nuevo siglo han provocado que las inversiones petroleras dejen de fluir en las cantidades necesarias para mantener la producción en los niveles requeridos por la demanda y las expectativas regionales.
La incertidumbre que domina la realidad boliviana provocó que las naciones vecinas opten por dejar de confiar en el gas del Chaco tarijeño y busquen otras fuentes de abastecimiento, ya sea en sus propios territorios o en el exterior.
En este momento, el país que mejores resultados ha tenido en su búsqueda de alternativas al gas boliviano ha sido Brasil, que en los últimos tres meses ha descubierto gigantescos yacimientos de petróleo y gas en su plataforma submarina, lo cual ha convertido al vecino en una potencia petrolera de nivel mundial.
Argentina también ha sopesado la situación y ahora el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha aprobado disposiciones para alentar a las empresas petroleras a realizar inversiones en busca de nuevos yacimientos que le devuelvan su capacidad de autoabastecimiento.
Hasta hace poco, Paraguay también estaba en la lista de los aspirantes a recibir gas natural boliviano, pero desde hace medio año sus autoridades han perdido todo interés, quizá porque se percataron de la situación que se da en nuestro país.
Las autoridades de Chile comenzaron por negarse a hablar de un acuerdo sobre el gas boliviano porque no querían que se filtrara el tema de la reivindicación marítima, pero ahora ni lo mencionan debido a que se ha difundido la sospecha de que Bolivia no tiene gas para vender. Ante esta situación, Brasil, Argentina y Chile han decidido incluir el gas natural licuado (GNL) en sus listas de preferencias, para evitarse la riesgosa posibilidad de comprar gas boliviano. Las plantas de regasificación que se instalan en los tres países mencionados permiten descartar cualquier posible acuerdo con Bolivia. Y Uruguay está en la lista, pues una planta que se instalará en el sur brasileño serviría también para cubrir ese mercado.
Los países de la región han puesto al gas natural boliviano en una lista negra, por lo menos mientras se mantenga la incertidumbre que domina la política nacional. Y eso se refleja también en el nivel de inversiones del sector petrolero.
Los únicos proyectos regionales que toman en cuenta a Bolivia son los que alienta Brasil para construir plantas hidroeléctricas en el río Madera y en el Mamoré. Las autoridades bolivianas no han respondido aún a las consultas brasileñas sobre el proyecto del Mamoré, que sería una empresa binacional.