El Ejecutivo rechaza millonaria donación de harina de EEUU La Ministra de Desarrollo Rural dijo que el Gobierno no aceptó la ayuda por dignidad. El producto rechazado habría sido enviado a Afganistán.
EN EL ALTO • La harina comprada de Argentina, por parte del Gobierno, es depositada en un galpón, el 3 de marzo del 2008.
Posiblemente uno de los conceptos más confusos que pueden existir es el concepto de “dignidad”, ya que desde muy diversos ámbitos se le invocan, y en todos ellos suele significar algo distinto.
La ministra de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente, Susana Rivero Guzmán, apeló, nos imaginamos, a su más profunda convicción política cuando le respondió hace un par de días, a la periodista Isabel Fernández, que el Gobierno había decidido rechazar, por dignidad, una donación de $us 10 millones en harina norteamericana. Pero doña Susana, periodista como es, seguro recordó al comunicólogo canadiense Herbert Marshall McLuhan que decía que “la indignación moral es la estrategia tipo para dotar al idiota de dignidad.”
La Real Academia Española de la Lengua señala entre otras cosas que dignidad es: “Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”, y en el artículo I de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se nos dice textualmente que: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
La asesora en Comunicación de la ministra Rivero, Dunia Sandóval, en breve diálogo con
La Razón, varió el concepto de la ministra a una versión más digerible para el público y luego ante nuestro requerimiento nos envió la siguiente respuesta:
“El Ministerio continuamente recibe solicitudes de internación de donaciones de alimentos. En el caso de la harina blanca de trigo, no se acepta debido a que hay convenios con las empresas molineras, para que tengan trabajo de transformación del trigo en harina. Por otro lado, cuando son donaciones gratuitas, por ejemplo trabajo a cambio de alimentos, se convierte en una competencia desleal hacia los molineros y a los importadores que pagan por el producto. En este mismo sentido, no se aceptan las donaciones de trigo porque hay una política de fomento a la producción”, agregó muy digna doña Dunia, la asesora de Comunicación.
Juan Tórrez, vocero de la industria molinera en el país, confirmó el extremo, pero al mismo tiempo dio una lección de sentido común: “Si bien, nos dijo Tórrez, queremos que la industria molinera instalada en Bolivia reciba trigo para trabajarlo y no harina, en esta oportunidad el tema va por atender a los damnificados y esa es la primera obligación del Gobierno”.
La Constitución Política del Estado en su artículo 6, parágrafo II, dice: La dignidad y la libertad de la persona son inviolables. Respetarlas y protegerlas es deber primordial del Estado.
Seguramente el concepto de dignidad de miles de familias bolivianas afectadas por los desastres naturales, difieren algo del expresado por la ministra Rivero. La primera dignidad de las madres posiblemente esté concentrada en conseguir algo de alimento para sus hijos.
Pero en forma paralela a la organización de partidos de fútbol, especialidad del presidente Evo Morales, sería interesante que, como dijo el portavoz de los molineros, se acepten donaciones y que la monetización de estos alimentos donados permita reforzar Emapa (Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos) y atender las necesidades de la gente.
A propósito de monetización, el título 2 de la PL-480 dice que la Asistencia alimentaria sirve para apoyar y fortalecer los lineamientos estratégicos del gobierno boliviano para corregir las deficiencias en el abastecimiento de alimentos a la población y lograr la autosuficiencia alimentaria en forma competitiva, para lo cual se destinan recursos que apoyen el desarrollo de actividades en zonas rurales mediante la canalización de recursos destinados a proyectos agrícolas, pecuarios, artesanales y agroindustriales.
¿Qué dijo el embajador Goldberg en torno a esto?; recitó su libreto: “Que el Gobierno boliviano decida”. Aunque se sabe de muy buena fuente que los 10 millones de dólares ofrecidos por el Gobierno estadounidense a nuestro país, convertidos en harina, se fueron a otro país que no es menos digno que Bolivia, pero sí más práctico: Afganistán.
El mejor concepto de dignidad lo encontramos en un “blog” de internet y dice con toda razón que “El ser humano posee dignidad por sí mismo, nadie se la da, la tiene desde el mismo instante de su concepción, nadie se la puede quitar bajo ningún pretexto”, es decir que la dignidad de una persona no pasa por la voluntad de la ministra, el Presidente, ni nadie. Se la tiene y ya.
Agregamos algo: Si se es muy digno para rechazar donaciones de harina, ¿cuán digno se es para “hacer dedo” al avión de un presidente extranjero?