Renovación en la Iglesia Católica Estas invocaciones, para reflexionar este Viernes Santo, se deben a que los obispos reconocieron el real debilitamiento de la fe cristiana y tienen la impresión de que vivimos en un continente cristiano, pero no evangelizado de modo convincente.
Este es el día más sagrado de la Iglesia Católica porque Jesucristo fue crucificado en la cruz por ser el Mesías que entregaba su existencia física para perdonar a los hombres, pecadores por naturaleza. Es, por tanto, el momento de empezar a vivir —o renovar— la fe divina que inspira la adscripción asumida hacia Dios, que sólo clama por la paz de los hombres en la Tierra, a cambio de lo cual implora por el amor familiar y social, así como la hermandad con los seres desvalidos por la pobreza o las lesiones de sus cuerpos o sus almas.
Los católicos y, si es posible, todos los cristianos nacidos en una misma cuna religiosa, tendrán también que recordar que en el año 2008 se produce una renovación profunda: se deja de hacer menos vida de Iglesia y se asume la tarea misionera evangelizadora, como ocurrió hace dos milenios.
Esta crucial decisión fue adoptada en la V Conferencia del Episcopado de América Latina y el Caribe, en el santuario de Aparecida, en Brasil, una reunión que estuvo inspirada y presidida por el Papa Benedicto XVI. Así, la Semana Santa de este año adquiere otra dimensión: el relanzamiento del compromiso de fidelidad cristiana, pero además la obligación de trabajar por una Iglesia activa, como lo exigen los tiempos modernos.
El documento de Aparecida plantea que el primer anuncio del Evangelio debe ser una buena noticia, consistente en un encuentro personal con Cristo, muerto y resucitado por los hombres. "En nuestra Iglesia —dice aquel documento— debemos ofrecer a todos nuestros fieles un 'encuentro personal con Jesucristo', una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio de los evangelizadores, que lleve a una conversión y a un cambio de vida integral".
En Aparecida se estableció que el anuncio kerigmático implica iniciar la vida cristiana en su contenido global. Se reconoció también que la sociedad actual vive profundos cambios y que la Iglesia tiene que responder a éstos con el esfuerzo de impulsar un verdadero proceso de formación cristiana. La proclamación que se formula es que, en la Iglesia, todos son discípulos-misioneros/as, apasionados/as por el gran proyecto de Jesús, por el advenimiento de su reino y de sus valores eternos, inspirados en el amor entre todos. Agrega que, por tanto, "tenemos que renovarnos profundamente, para dar una respuesta válida y pasar: de una Iglesia a la defensiva, a una Iglesia propositiva; de una Iglesia clerical, a una Iglesia más laical; de una Iglesia sacramentalista a una proclamadora del kerigma (o anuncio kerigmático); de una Iglesia recelosa frente a la post modernidad a una Iglesia transformadora de esa misma realidad".
Y el documento sostiene además que Jesucristo tiene que estar en el centro de la existencia humana, que debe haber más Jesucristo y menos ley, más Evangelio y menos moralismos, más reino y menos Iglesia, y más adhesión a alguien (Cristo) y no a algo, que pueda suponerse como dudoso o incierto.
Estas invocaciones del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, para reflexionar este Viernes Santo, se deben a que los obispos reconocieron el real debilitamiento de la fe cristiana y tienen la impresión de que vivimos en un continente cristiano, pero no evangelizado de modo convincente y fervoroso.