Hay que abrir el diálogo Todas las expresiones de los ciudadanos piden que los líderes políticos busquen la paz y, sobre todo, garanticen la unidad del país. El pueblo quiere que sus líderes cuiden Bolivia y condenará a quienes estén buscando ensangrentarla y dividirla.
En este momento de crisis, da la impresión de que los líderes políticos del país desearan que la aguda discrepancia que divide a los bolivianos desemboque, de cualquier modo, en un enfrentamiento físico. Las posibilidades de llegar a un entendimiento, o por lo menos de encontrar un escenario de diálogo, se han estancado en simples intenciones, en deseos expresados de la boca para afuera.
La Iglesia Católica, que aceptó cumplir el rol de facilitadora, está comprobando que no existen opciones de acercar a las partes enfrentadas porque ninguna quiere ceder un milímetro en sus posiciones. El trabajo de la facilitación consiste en encuentros preparatorios que deben sentar las bases de un entendimiento. Esas reuniones son las que producen las soluciones, que luego se refrendan ante las cámaras Alta y Baja; pero, el trabajo más importante es el previo.
Los voceros de la Iglesia dijeron que ninguna de las partes ha expresado su intención de hacer concesiones. Por lo tanto, no hay esperanzas ni siquiera de un diálogo. Mientras tanto, el conflicto, como una bola de nieve, ha ido creciendo conforme avanzaba y, ahora, se ha hecho casi incontrolable.
¿Quién puede ganar algo con un enfrentamiento físico? Esa pregunta se la hacen muchos bolivianos que observan, impotentes, cómo prima el desencuentro y peligra la unidad.
Los hechos ya son parecidos a una guerra. El Gobierno ha decidido disparar con toda su artillería al complejo oleaginoso de Santa Cruz. Y los dirigentes cruceños, fortalecidos por las huestes de la ‘media luna’, más el apoyo cívico de Cochabamba y Chuquisaca, han anunciado que no permitirán la muerte del proyecto agroindustrial por el que han trabajado muchos años.
Lo peor de todo es que, aunque ese tema fuera resuelto, no se habría avanzado mucho pues quedaría intacta la diferencia que tiene el Gobierno central con la mayoría de los departamentos por su medida de echar mano de los recursos del IDH para pagar la renta Dignidad.
Y si acaso este último tema fuera resuelto, quedaría el enorme problema de la nueva Constitución Política del Estado y de los estatutos autonómicos. Y nada sería eso si, olvidando que las diferencias son tantas y tan complicadas, en cada ocasión que se presenta no se añadieran nuevas ofensas...
El Gobierno ha decidido acuartelar a la Policía el 4 de mayo, para cuando está previsto el referéndum de aprobación del estatuto autonómico de Santa Cruz; en respuesta, los líderes cruceños adelantaron que organizarían su propio cuerpo de seguridad ciudadana. Este cruce de posiciones intransigentes pone al país al borde del enfrentamiento y enciende la mecha de un estallido de violencia que podría desangrarlo.
Si los cruceños no quieren suspender el referéndum por las buenas, la idea de los movimientos sociales ligados al oficialismo sería evitar que la gente llegue a las urnas o que no se puedan contar los votos. Entonces, sólo habría ganado la división.
Pero no es eso lo que quieren los bolivianos. Todas las expresiones de los ciudadanos piden que los líderes políticos busquen la paz y, sobre todo, garanticen la unidad del país. El pueblo quiere que sus líderes cuiden Bolivia y condenará a quienes estén buscando ensangrentarla y dividirla.