Las calles paceñas son una trampa para los invidentes Por el mal estado de las vías de La Paz, las personas no videntes con frecuencia sufren accidentes. Ellas piden que se reparen las aceras. La comuna trabaja en 2 proyectos.
EN LA CALLE POTOSÍ • La tapa de alcantarillado en la acera, está a desnivel y dificulta el paso de don Juan.
“Imagínese estar todo un día con los ojos cerrados y tener que movilizarse por calles en mal estado confiando en un bastón. Esa es la vida que tenemos los ciegos. Las calles son como trampas para nosotros”, dijo Logia Requena, una no vidente que vende tarjetas telefónicas en la Pérez Velasco, en la ciudad de La Paz.
Ella y cientos de invidentes que viven en la urbe, deben pasar los obstáculos, que presentan las vías, confiando en su bastón y en la bondad de la gente.
Requena contó que para ir a su casa, todos los días debe bajar las gradas de la calle Pisagua. “Con mi bastón me doy cuenta que los peldaños no son del mismo tamaño; eso me dificulta al calcular el espacio y con frecuencia acabo rodando las gradas”.
La Razón conversó con 14 personas privadas del sentido de la vista, que contaron sus experiencias sobre lo complicado que les resulta transitar por la urbe.
“La semana pasada, caminaba por la calle Mercado y se entró mi pie a un sumidero. Por más de 15 minutos no pude sacarlo; tuvieron que venir los Bomberos para cortar los fierros y ayudarme. La Paz no fue construida para los ciegos”, relató Mario Rocabado, quien aún tenía el pie vendado y portaba un bastón.
Ofrece billetes de lotería en la avenida Mariscal Santa Cruz y recorre una y otra vez el lugar, pero siempre tropieza con los baches e incluso se llega a caer.
En la calle Claudio Sanjinés (Miraflores), que conduce al Centro Oftalmológico, resulta irónico que existan cordones de acera destrozados y que en la puerta de acceso hayan baches que provocan la caída no solamente de personas no videntes.
Julia Quispe, una vendedora de dulces que tiene su quiosco en esa calle hace años, contó que “no siempre los cieguitos vienen acompañados. Cuando pasan por aquí se tropiezan y caen. El otro día una señora de 60 años se cayó y se golpeó la cabeza”.
Otro lugar que los no videntes identificaron como una trampa es la calle Potosí, entre Socabaya y Ayacucho. Allí, una tapa de alcantarilla está suelta y cuando una persona pasa por ahí se golpea los tobillos o se cae.
En el centro de la urbe, los pocos lugares que fueron adaptados para personas con alguna discapacidad están en desuso.
“Yo me acuerdo que habían unos botones en las esquinas donde hay semáforos para que los apretemos y podamos cruzar las calles. Pero la gente malintencionada no dejó que este sistema dure ni dos meses y los destrozó”, comentó Alberto Zubieta, que tiene un puesto de telefonía pública en la calle Comercio.
Él aseguró que en la actualidad es casi imposible cruzar las calles sin pedir ayuda.
La mayoría de los consultados coincidió en que los baños públicos municipales no están adaptados para las personas con alguna discapacidad.
“No entiendo por qué no hacen un baño al nivel del piso. Yo, por entrar a ese mingitorio del túnel de la avenida Mariscal Santa Cruz, me caí de espalda y todas mis monedas que gané ese día se cayeron y perdieron”, relató Joel Nina, un no vidente que vende pañuelos de papel en un puesto de la plaza San Pedro.
Sin embargo, no todas las obras en la ciudad son inadecuadas para los no videntes. Para Zubieta, la pasarela de la Pérez Velasco contribuyó a que los discapacitados crucen la calle sin riesgo. “Todos los días tomo minibús de la Pérez a la zona Sur. Con la pasarela sé que no me van a pisar ni la gente maliciosa me va a volver a atracar al intentar cruzar la vía. Agradezco al Alcalde por esa obra”, manifestó.
En el departamento de La Paz, según el Instituto Boliviano de la Ceguera (IBC), viven 942 invidentes. No se tiene el dato exacto de cuántos residen en la ciudad, pero en junio o julio llegan todos a la urbe a cobrar un bono.
Testimonios
Calle inadecuada para los ciegos
ROSARIO CRISPÍN, vende lotería en la Mcal. Santa Cruz.
“En la calle Colombia, que es tan empinada, no existe ni una baranda para que nos podamos agarrar al bajar. Hace dos semanas, mi bastón se enganchó en un pequeño huequito y yo me caí entre la acera y la vía. Tuve suerte de que no habían vehículos porque me podían pisar. El accidente que sufrí fue en la puerta de la Alcaldía Centro y nadie salió a ayudarme”.
Baches que se vuelven charcos
CAMILO YAHUITA, trabaja cantando en la Comercio.
“Más bien que ya no está lloviendo porque en tiempo de lluvia, en los miles de baches de la ciudad se forman charcos y además de caernos nos mojamos. Por ejemplo, en la calle Comercio, que parece coladera por tanto hueco, un día se formaron charcos profundos que no sentí con mi bastón. Me tropecé y mojé mi ropa. Mi sobrina que vive conmigo se enfadó”.
Paradas públicas son sólo adornos
GENOVITA CHOQUE, vende kleenex en la Pérez Velasco.
“Yo sufro mucho cuando quiero embarcarme en un micro o minibús. Las paradas públicas son sólo un espacio más. A veces, me siento en la Camacho a esperar que la movilidad pare, pero los choferes ni se percatan de mi existencia en ese lugar. En otras esquinas puedo estar durante horas estirando mi mano para subir a un coche y nadie me presta la menor atención”.
Obras ediles sin una señalización
ROBERTO NÚÑEZ, tiene un puesto de venta en Miraflores.
“En el estadio, cuando la Alcaldía trabajaba en el nuevo baño público, había tierra y piedras acumuladas pero nada que informe a los no videntes que no había paso, los obreros tampoco decían nada. Sin darme cuenta entré a ese sector, me caí sobre las piedras y los albañiles en vez de acercarse a ayudarme me comenzaron a reñir”.