Camiri ha reforzado el bloqueo, el transporte pesado analiza qué medidas de presión adoptará, instituciones cruceñas marcharán demandando por la abrogación del Decreto Supremo sobre la exportación de aceite comestible, los choferes urbanos y los policías se encuentran en estado de emergencia. Estos son algunos conflictos que asedian al Gobierno.
Y ante esta oleada de conflictos, el gobierno del señor Evo Morales persiste en que hay en marcha toda una conspiración sociopolítica que lo único que persigue es desestabilizar a la democracia. Todos los días los emisarios del oficialismo emiten su preocupación por nuestra democracia y ratifican que harán todo lo posible para evitar la desestabilización de este régimen político.
Pero, si es tan fácil de evitar un caos político, simplemente no hay que imponer leyes y decretos inconstitucionales. Y no se trata únicamente del insólito procedimiento seguido para la aprobación (sin lectura, sin debate, en un cuartel y unilateralmente) del Proyecto en grande y en detalle de la Constitución del Gobierno. Se deben dejar atrás acciones como cercar y modificar unilateralmente la sede de la Asamblea Constituyente, la distribución de recursos del IDH, convocar a referendos: uno dirimidor y otro que ratifique las posiciones oficialistas. Simplemente, se deben respetar las opiniones de las minorías y las voces de la disidencia; dejar de dictar mandatos inconstitucionales y —sin alcahuetear la dictadura sindical— cumplir con la trascendental función de viabilizar una Constitución Política del Estado que responda a la voluntad multiétnica y pluricultural de toda la nación.
Antes de otorgarle cierta racionalidad al argumento oficialista, me pregunto: ¿No convendría que nos aclaren qué tipo de democracia defiende el Gobierno?; y ¿por qué en lugar de transformar, mejorar y profundizar nuestra incipiente democracia, día tras día están contribuyendo a atropellar, socavar y neutralizar a la ciudadanía y por ende a los derechos y garantías constitucionales?
¿O es que tenemos que entender que el Gobierno ha evolucionado en la conceptualización democrática hacia lo que hoy padecemos? ¿Hay democracia cuando la voluntad de la ´mayoría electoral´ prevalece sobre la Constitución Política del Estado y por sobre el Estado de Derecho? ¿Hay democracia cuando ninguna decisión de esa mayoría es susceptible de control o impugnación por parte de alguno de los poderes constituidos? ¿Hay democracia cuando los jueces y tribunales corren el riesgo de ser destituidos de sus cargos? ¿Hay democracia cuando esa mayoría desconoce abusivamente los resultados dictaminados por el pueblo vía referéndum? ¿Hay democracia cuando las decisiones de la Asamblea Constituyente se toman cercadas en un cuartel? ¿Hay democracia cuando l@s ciudadan@s se encuentran indefensos ante los abusos de los testaferros del oficialismo? ¿Hay democracia cuando la imparcialidad de los procesos electorales está garantizada por una Corte Nacional Electoral convertida en apéndice presidencial y en instrumento de retaliación política? ¿Hay democracia cuando el Tribunal Constitucional no se somete a la letra de la ley, sino que baila al ritmo que le tocan desde el Palacio Quemado? ¿Hay democracia?
*Mariella Pereyra es cientista política.
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