Revisando lo que escriben columnistas de varios países, encontré un artículo muy corto, pero tremendamente expresivo y que se puede aplicar a muchos de nuestros presidentes. El columnista Sebastián Da Silva (´El País´, Montevideo, marzo 14 de 2008) muestra elevación ética. Es educado, mesurado y culto; evita las frases hirientes o la velada acusación. Pero también es firme, directo e incisivo. Pinta, con maestría, el retrato común de los populistas, moderados o extremistas, que están en el poder, o que pugnan por llegar a él.
Claro que el denominador común de populistas es muy vago, pues al no ser una ideología, abarca a los que militan en los extremismos de izquierda y de derecha, y a los que sólo usan en su acción política este estilo populachero. Pero, lo corriente es que este apelativo se asigne a quienes, como Chávez, Morales, Correa y Ortega, están empeñados en revolverlo todo —ciertamente no una verdadera revolución asentada en una ideología— con afán destructivo y, muchas veces, como parte de revanchas primitivas.
En América Latina, desde hace décadas hubo gobiernos populistas, siempre con resultados catastróficos. El que ahora predomina se autocalifica de izquierda y se dedica no sólo a provocar a los norteamericanos, uniéndose tardíamente a una Cuba ahora con señales de cambio, sino también a enfrentar todo lo que difiera de una política pendenciera y agresiva, que está llevando al desastre a sus pueblos. Hay matices, pero al final los males que produce el populismo, hijo de una izquierda vaga y desbocada, se advierten en la Venezuela sometida por la autocracia de Chávez que, al malgastar la riqueza de este entrañable país, soporta una aguda carestía y escasez; en la Bolivia angustiada por el régimen de Morales que, con su irresponsable política de confrontación interna, ha desatado violencia y muertes, junto a una inflación preocupante; en la señora Kirchner, que ya mostró las garras del populismo destructivo y procura romper el espinazo, con ´impuestazos´, a los que producen: los argentinos del campo; en el ecuatoriano Correa, empeñado en su propia guerrita interna contra los ciudadanos de Guayaquil, y ahora orientando su furia contra Colombia; y en Humala, el candidato peruano preferido de Chávez, esperando su turno para duplicar el esquema de Evo e intentar un experimento indigenista, racista y excluyente. Pero hay otros populistas con ropaje de ´serios´. Son los vergonzantes que alientan los excesos del chavismo, del anticuado despotismo aymara en Bolivia, de la desorientación de Correa y de la frustración del sandinista Ortega. Dicho comentarista pinta a uno de esos populistas de salón con ropaje democrático: ´Si la izquierda fuera la de antes, quizás alguien le recordara algunas cosas. En primer lugar, que su investidura es mucho más importante que su persona, le guste o no. En segundo término, que su investidura le permite gobernar una República, lo que implica, republicanismo, tolerancia, respeto y educación, hacia la mitad de esa república que no piensa de acuerdo a sus convicciones.
Y lo más importante, es que el Presidente debe ser el primer vigilante de la Constitución, si lo que desea es tener autoridad moral para exigir los derechos que de la misma, le ofrece a él, a su familia y a sus correligionarios´.
*Sergio P. Luís es profesional independiente.
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Nos vemos en el Facebook...
Antes de escribir esta columna, me detuve por un momento a pensar en el perfil característico de mis lectores; esto claro, sobre la optimista presunción de que tengo lectores, y aún más, en la cantidad suficiente como para poder hablar de un perfil.
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