La misión de la Iglesia Católica Tal vez, dadas las circunstancias, el diálogo y la concertación se puedan dar después del referéndum cruceño del 4 de mayo. Entonces, posiblemente se abra la Constitución aprobada en Oruro para ensamblarse con los estatutos autonómicos.
Dos milenios de historia y la custodia de la cultura de occidente hacen de la Iglesia Católica la institución señalada para pedirle consejo y ayuda cuando existen dificultades graves y cuando se necesita de un juicio meditado, sabio y sensato. Lo ideal sería que a la Iglesia se la buscara para los asuntos de la fe, para consultarle sobre lo que concierne a Dios, al espíritu, a la caridad, al humanismo, a la educación, que ya es una tarea inmensa. Pero en Bolivia, mucho más que en otras naciones, se la busca solamente cuando los inconvenientes de la política no encuentran solución entre sus actores, cuando los hombres no pueden entenderse entre sí de ninguna manera. Y después, se la olvida.
Esto ha ocurrido en gobiernos anteriores también, y parece que seguirá así entre tanto el país no pueda marchar solo. Se ha llegado a extremos en que la propia Iglesia se ha ofrecido como mediadora, aunque por lo general antes encuentra más conveniente hacer de “componedora” entre las partes. Es decir que la Iglesia escucha a quienes tienen diferencias, pero sin la pretensión de adoptar ninguna acción que no sea reunir a los discordes y conducirlos a que ellos solucionen sus problemas en una mesa de diálogo. La garantía es su presencia como la institución más respetada y la palabra reflexiva de los obispos.
En estas épocas difíciles, cuando entre el Gobierno y varias regiones del país que luchan por su autonomía no parece existir la posibilidad de un diálogo satisfactorio. Cuando nadie desea ceder en nada y, peor aún, asoma la amenaza del enfrentamiento, los políticos han recurrido al acostumbrado método de buscar a los obispos como la vía que conduzca al diálogo.
El presidente Evo Morales se ha reunido con el cardenal Julio Terrazas de manera reservada. Y en la misma forma, sin la presencia de los medios, el Cardenal ha recibido anteayer, en Cochabamba, a los prefectos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, más el Prefecto cochabambino. Hubo, por cierto, una gran expectativa, pero ¿qué se podía esperar de unas pocas horas de reunión? ¿Qué, si entre el Presidente y los prefectos se han reunido durante jornadas enteras para terminar nominando comisiones en vez de anunciar sus fracasos?
El Cardenal se ha referido a la pugna que existe entre el centralismo y las regiones autonómicas, indicando que esto “es un proceso, no es una receta de la noche a la mañana, es algo que debe ir creando la conciencia de que la paz es posible”. En días anteriores había dicho categóricamente que, en las actuales circunstancias, el diálogo es imposible, lo cual resultó muy útil para hacer reflexionar a las partes. Tanto lo uno como lo otro es realista, porque no habrá una solución inmediata: las coincidencias no se dan y, peor aún, se alejan.
Por tanto, de la mano de la Iglesia y de su inteligente accionar, hay que ser pacientes. Se debe empezar a crear un ambiente de diálogo renovado, un diálogo sin medias verdades, franco, sincero, abierto, que es lo único que salvará al país. Tal vez, dadas las circunstancias, el diálogo y la concertación se puedan dar después del referéndum cruceño del 4 de mayo. Entonces, posiblemente se abra la Constitución aprobada en Oruro para ensamblarse con los estatutos autonómicos que se realizarán en los meses de mayo y junio.